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Para todos los que me escriben al Formspring
y quieren saber que paso con lo que me preguntaron y si Yo les respondí.
Solo tienen que entrar a esta pagina web

"El Beso De Un Vampiro"

Christian Summers era un chico normal que odiaba las matematicas, amaba los panqueques sobre cualquier cosa en el mundo y le gustaban las casas antiguas. Para él, su vida era perfecta hasta que conoció al promiscuo y muy popular Alexandre Grigori.
Un pequeño accidente en la que este le salva la vida y un encuentro, para no decir extraño, con un hombre desconocido; harán que Chris se pregunte ¿qué hay detrás de esas gafas oscuras y esa cara de ángel?. Sin detenerse a pensar en las consecuencias buscara respuestas a toda costa.
Muchos secretos por descubrir..
Muchas verdades por saber..
Y un amor que comenzara a nacer..
Lograran que Tú también quieras recibir "El Beso De Un Vampiro"

14 octubre 2011

Sorteo | Bessos Oscuros Internacional

El concurso termina el 31 de Octubre a las 11.59 pm hora México..


El premio es:


Un ejemplar de Drácula de Bram Stoker
4 marcapáginas del blog

Bases y requisitos pinchando el banner :



Blog:

10 octubre 2011

El Beso De Un Vampiro | Capítulo 4 “Violines En La Noche”


La oscuridad y el silencio reinaban en el viejo teatro. No se veía ninguna luz. El profesor Finn, como era de esperarse, ya se había marchado. Intente abrir la puerta pero estaba bien cerrada. Comencé alumbrar el lugar con una linterna que tenía en el coche.

Vi la moto de Grigori. Estaba al lado de la escalera de entrada. Todavía andaba por aquí ¿Pero dónde? ¿En el Magnolia? Desde fuera no se veía ninguna luz encendida. A lo mejor estaba por ahí cerca. El Bronce se encontraba cerca, tan sólo a un par de calles de distancia. Pero él no hubiera dejado su moto aquí sola ¿cierto? Esta parte de la cuidad no tenía buena fama, mas bien la gente la evitaba. Los únicos coches que se escuchaban provenía de la avenida principal y esa estaba muy lejos.

La Fireblade estaba en la entrada más alejada de la calle. Me distancié un poco para observar bien el teatro. Todo estaba muy oscuro y tranquilo, no había nadie eso era seguro. Lo mejor sería que me fuera. Le preguntaría mañana a Grigori como le había hecho o le pediría la llave al profesor Finn.

Pero cuando estaba cerca del lugar donde se encontraba mi coche, aun seguía con esa sensación. No podía quitármela de la cabeza. Tenía que saberlo. Tenia que entender lo que había pasado. Me di la vuelta. Decidido comencé a caminar en dirección al teatro.


Me encontré con un estrecho paso entre el Magnolia y otro edificio. Me aseguré de que no hubiera nadie. Ya podría ver los titulares <> <>. Por un titular así mi tío me llevaría a un pueblo mil veces más aburrido que Routlan y dejaría que me pudriera ahí el resto de mi vida. Me metí en el callejón. Ilumine los viejos cubos de basura. Detrás de ellos vi que algo se movía. Me tropecé con unos ojos brillantes. Un gato. Había salido de su escondite, pero así como aparecido así desaparecido en la oscuridad de la noche. Suspiré y seguí caminando. 



Detrás del Magnolia había una escalera de emergencia; pero esta estaba tan oxidada que preferí escalar la pared antes de confiar en su resistencia.

Justo arriba de la escalera había una ventana entreabierta. Mi corazón latía con fuerza. Mis manos estaban frías y húmedas. Ignoré la débil vocecilla en mi cabeza que gritaba que me alejara de ahí lo más rápido posible, que lo dejara para mañana. Pero decidí ignorarla así como también ignore todas las consecuencias que esta estupidez me traería. Busqué algo en que subirme para llegar a la ventana. Evitando hacer ruido, coloqué un cubo de basura y me subí en él, abrí la ventana e iluminé el cuarto. Estaba lleno de basura y muebles cubiertos con sábanas. Decidido. Entre. Un viejo sillón me dio la bienvenida y amortiguo mi caída. Crucé la habitación abriéndome paso entre los muebles y la basura. Me disponía a salir cuando percibí un rayo de luz y que algo se movía. Me quedé inmóvil. Dejé de respirar hasta que –mirando fijamente el lugar- logre descubrir que tan solo era un espejo sin cubrir. Me había asustado de mi mismo; que tonto. Salí del cuarto echándome en cara mi miedo infantil. Lance un vistazo fugas al pasillo ¿Estaba alucinando o alguien tocaba… un violín? Escuche mas atentamente y no, no había duda. Alguien de verdad lo hacía. Aunque estaba lejos la música sonaba suave, dulce y apasionada. La intensidad fue creciendo desembocando otros sentimientos más intensos; rabia, amargura y desesperación. Me dieron ganas de salir huyendo pero la melodía suave volvió haciendo cambiar de idea. Se hizo el silencio. Que yo supiera no habían fantasmas en este teatro, entonces ¿quién tocaba el violín? ¿No sería? ¿Grigori? JA, sólo de pensarlo me hacía mucha gracia. ¿Ese tipo tan arrogante tocando un instrumento tan armonioso, como lo era el violín? Eso era –realmente- algo de locos. La música volvió a sonar y la curiosidad de saber quien la tocaba se apoderó en mí ¿y si realmente era Grigori? Tenía que saberlo, algo en mi me lo exigía. En caso contrario de que no fuera él, tenía la linterna; sería una perfecta arma improvisada.

Poco a poco abrí una puerta y eche un vistazo. Estaba oscuro. Encendí la linterna un momento para orientarme y la apague rápidamente. En caso de que no fuera Grigori; tenía que salir sin que me vieran y la luz podría delatarme.

Debía estar en la parte trasera del teatro. Seguramente en los camerinos. Un pasillo estrecho me llevaría hasta el escenario. Encendí y apagué la linterna de nuevo y seguí avanzando esta vez casi a tientas. Estaba completamente a oscuras. Después de doblar la esquina me pareció ver el escenario. En ese momento era demasiado arriesgado prender la linterna. No pasaría desapercibida desde la parte trasera; cuanto más me acercaba mejor distinguía las siluetas de las sillas. La luz de la luna entraba tímidamente por las ventanas que se encontraban un poco más arriba; casi pegadas al techo. La música volvió a silenciarse y me quedé quieto escuchando el silencio. No se oía nada. Ni un paso al escenario ni una respiración. 

Seguí avanzando con cautela. Una mano agarró mi cuello y me empujó contra la pared. Se cayó un cuadro y se rompió en pedazos. Mis pies no tocaban el suelo. Intenté pegar a mi agresor con la linterna pero este me agarró de la muñeca y me estranguló el cuello con más fuerza. En vez de gritar saqué un jadeo de dolor. Escuché un respingo y mis pies volvieron a tocar el suelo.

-¿Tú? Estúpido Summers ¿cómo puedes estar en todas partes?-gruño una voz en la oscuridad demasiado conocida para mí.

Tosí y me llevé una mano al cuello maltratado.

-¿Estás loco? Casi me matas…-jadeaba tratando de buscar la mayor cantidad de oxígeno posible.

-¿Se puede saber que haces aquí?

-Eso te pregunto yo -contesté un poco más recuperado; busqué la linterna. Se me había caído cuando él me había levantado del suelo.

No sólo no me ayudo a buscarla, sino que dio varios pasos hacia atrás.

-¿Tú qué crees? Esconderme de ti, Summers.

-Que gracioso eres idiota -dije sarcásticamente.

-Lo que tú digas -dijo alejándose-, pero no quiero volver a verte.

Desapareció entre la oscuridad del escenario. Traté de encender la linterna pero se había estropeado por la caída. No me quedó más remedio que seguir los pasos a tientas; dé repente vi moverse una sombra.

-¿Qué haces aquí? -le pregunté.

-A ti qué te importa, Summers. Esfúmate -dijo-, a estas horas los niños buenos como tú están viendo la tele en su casa con sus papitos y no colándose en edificios abandonados.

Sus palabras me hirieron. Nunca había visto a mis padres o al menos eso recordaba. Pero eso a él no se lo iba a explicar.

-No me he colado -dije.

-Ah ¿no?, entonces ¿entraste por la puerta principal? Márchate ¿quieres?

-Por lo visto entré por el mismo sitio que tú idiota -dije mordazmente.

-Lo dudo mucho -dijo riendo-; lárgate y vete a jugar con tus amiguitos.

-No sin que antes me respondas una pregunta.

Empezó a tocar el violín, ignorándome. << ¡Estúpido! ¿Cuántos años te condenarían por matar a alguien con una linterna? Que importa. Eso no sería un problema para mí>>
Tomé aire. Lo mejor sería que mantuviera la calma.

-Tocas bien -dije-. ¿Dónde aprendiste?

No respondió. Di unos pasos acercándome; mi pie chocó contra algo que rodó y cayó rompiéndose en pedazos tras caer del escenario.

-¿Cómo puedes tocar a oscuras?

-¿Qué tengo que hacer para que me dejes en paz? –dejando de tocar.

-¡Dime cómo lo hiciste!

-¿Qué?

-Cuando todo se me vino encima -dije señalando los escombros-, te vi al otro lado del escenario, estabas muy lejos como para poder ayudarme pero lo hiciste. ¡Explica cómo! –dije alterado.

El silencio que se hizo tenía algo de peligroso; no sabía si sólo me miraba o si se había movido. Se me puso la piel de gallina. Hubiera salido corriendo de tener las fuerzas para moverme. Estaba paralizado y tenía la boca seca. Cuando Grigori habló por fin me daba la espalda.

-Pero por lo demás estás bien, ¿no? -preguntó, enfadado-. Deberías oírte hablar, nunca me habían dicho algo tan estúpido. Si no hubiera estado cerca; ahora serias historia, Summers. Deberías estar agradecido ¿no crees? Así que en vez de decirme esas tonterías dame las gracias y lárgate.

-¡No! -respondí-. Estabas al otro lado, estoy seguro de eso.

De nuevo se hizo el silencio.

-Muy bien, Summers, juguemos -me dijo-, quizá así me dejes en paz. Sí, estaba al otro lado, ¿y qué significa eso? Pues que estás muerto, pero tu alma no lo acepta y por eso tu espíritu vaga por el teatro y no me deja en paz.

<<¡No me importa cuántos años de cárcel me den, yo lo mato con o sin linterna!>>

-Se perfectamente lo que vi -insistí.

 -¿Y cómo crees entonces que te salvé la vida? -dijo- porque te la salvé yo, recuérdalo Summers. ¿Por quién me tomas? ¿Superman? ¿Copperfield? Has visto demasiado Expediente X y La dimensión desconocida, se te está dañando el cerebro y vas a quedar más tonto de lo que ya eres -rió-, ¡Y ahora largo!

Se puso tan agresivo que se me olvido el enojo y el insulto que quería decirle y solo pensé en salir corriendo de ahí lo más rápido posible, pero en cambio cerré los puños, no iba a dejar que me intimidara. Di un paso hacia él.

-Si no me lo dices es porque tienes algo que ocultar.

No me hizo caso y siguió tocando. Me exasperaba.

-Mírate -dije, acercándome-, sentado aquí en plena noche tocando un violín. Y aunque estamos a oscuras saltaste sobre mí como un felino. Eres raro, pero tranquilo no se lo diré a nadie.

Al no recibir respuesta, agité la linterna con rabia. Se encendió alumbrando a Grigori.

El violín emitió notas desafinadas. El levantó y lo brazos para cubrirse los ojos de la luz pero continué enfocándolo. 

-¡Para! -gritó.

-¿Qué tipo de freak eres? -pregunté bajando la linterna-. No puedes negar que haces cosas raras. Siempre con las gafas de sol…

Me miró enfurecido pero no dijo nada. Volvió a colocarse el violín y comenzó a tocar.

¡Desgraciado!

-Tendré que preguntarles a tus ex novias y ex novios -dije-, seguramente tengan algo interesante que contarme, quizás también les interese saber por qué de tu extraño comportamiento… como a todos en el instituto.

¿Estaba yendo lejos? Eso había sonado como chantaje y aunque adrede, estaba jugando con fuego. Sólo estábamos él y yo. Y lo estaba provocando. Pero lejos de hacerme nada, siguió tocando ignorándome. Sentí que me había vuelto loco. Estaba en un teatro abandonado en plena noche haciendo todo lo posible para sacarle palabras a un chico que me odia. En un intento de salvar lo que me quedaba de dignidad decidí retirarme.

-Como quieras tonto. -dije, y bajé del escenario.

-¡Espera Summers! -me llamó. Dejó de tocar el violín y se acercó a mí-. Escucha ya corren demasiados rumores sobre mí por el dichoso instituto.

Lo miré fijamente. Por lo visto su mala fama sí le importaba.

-Sólo quiero que me dejen en paz, te lo pido de la mejor manera que puedo. No extiendas más los rumores.

Sonaba a súplica, no podía creerlo.

-Explícame cómo lo hiciste -insistí.

-Estas empeñado en saberlo, ¿eh?

-Sí.

-Bueno -dijo-, estoy en forma.

Torcí el gesto como si no me lo creyera.

-Esta bien, es una media verdad -admitió-, pero es cierto que oí soltarse una cuerda y supe que iba a caerse algo. No me quedé paralizado como tus amigos y por eso tuve tiempo de llegar a ti.

- ¿Y cómo supiste que iba a caerse algo? -pregunté desconfiado.

-Porque mis padres eran artistas -contestó-, y esas cosas no se me olvidan.

-¿Estuviste en el circo?

-Algo así.

-¿Y por qué no sigues ahí?

-Tuve un accidente y no volví a actuar. Prefiero no hablar de ello, Summers, así que no sigas -dijo mirándome-. ¿Has acabado con tu interrogatorio?

-Todavía no. ¿Por qué siempre utilizas tus gafas? -le pregunté sabiendo que me pasaba de raya, pero la curiosidad me inundó.

-Es genético -contesto-, mis ojos no toleran la luz del brillante, aunque por la noche veo mejor. ¿Has acabado?

-¡Sólo una más! –insistí.

-¡A ver! -dijo molesto.

-Deja de llamarme Summers ¿sabes? Tengo mi nombre y es Chris.

-Lo sé -titubeó-, Christian.

Escuchar mi nombre completo salir de sus labios me dio escalofríos. Nos miramos. El tiempo se volvió a parar como esta tarde… hasta que desvió la mirada.

-Aunque prefiero decirte tonto.

¿Qué?...

-Y aunque me digas que te llamas Chris, no te haré caso -hizo una pausa-, tonto.

Apreté los puño enojado ¿cómo se atrevía a llamarme con insulto?, el me las pagaría, pero este no era el momento. Debía de calmarme un poco.

Suspiré.

Le tendí la mano.

-¿Hacemos las paces?

Miró mi mano y se mordió el labio. Disimulé lo mejor que pude mi enfado y mi decepción. ¿En que momento pensé que me chocaría la mano? Sólo había respondido a mis preguntas porque no quería que corriera más rumores de él. Sin embargo, antes de que retirara la mano, me la tomó.

-En paces -repitió, aunque retiró la mano fugazmente.

Parecía que le daba asco o algo parecido. Se hizo silencio. Había contestado mis preguntas, no tenía más motivos para quedarme; pero eso era precisamente lo que quería. Quedarme y seguir hablando con él hasta que amaneciera.  

-Ya he respondido todas tus preguntas -dijo como si hubiera leído mis pensamientos-, puedes marcharte. Tus padres te estarán esperando.

Con la barbilla me indicó el pasillo por el que había llegado. Me estaba echando, no había ninguna duda.
-Entonces hasta mañana -me despedí disimulando mi fastidio.

Salí por el pasillo alumbrándome con la linterna observando los cuadros. Cuándo salté por encima de unos cristales rotos perdí el equilibrio. Sin querer golpeé la linterna contra la pared para no caerme y se apagó. Traté de volver a encenderla pero no lo hizo más. Maldije.

Sin previo aviso tenía a Alexandre a mi lado –¿Cómo era tan rápido y silencioso?- aunque sonara absurdo había algo extraño en él.

-¿Por dónde has entrado? -dijo.

-Por ahí atrás –respondí levantando mi brazo-. ¿Por qué?

-Yo te llevo -dijo tirando de mí-, no sea que te rompas una pierna.

Tuve que fiarme de él; porque a la velocidad que me llevó no lograba ver nada. No exageró cuando me dijo que veía bien en la oscuridad. Sorteaba obstáculos que yo nunca habría visto. No sé como hubiera llegado a la salida sin el.

-¿Por ahí? -preguntó.

Asentí y subió el sillón de la otra vez, y se agarró del marco de la ventana.

-¿A dónde vas? -pregunté.

-Te acompaño al coche -dijo mirándome.

-¿Y eso?
-¿Por qué no?

-Pensaba que todavía no tenías que irte.

-Tengo cosas que hacer -dijo encogiéndose de hombros-. Me da igual irme ahora o más tarde.

Antes de que pudiera decir algo más. Ya había salido. Me subí a la ventana y el subió los brazos para poder ayudarme. Agarrando mi cintura logro bajarme, sin ningún esfuerzo. Cuando estuve afuera, me soltó de forma inesperada y perdí el equilibrio empujando unos de los cubos de basura. La tapa de metal provocó un gran estruendo, pero se encendió ninguna luz; parecía que a nadie le importaba lo que sucedía en la calle o bien todos los edificios estaban abandonados.

Grigori me miró irritado y colocó la tapa en su lugar, se subió al cubo y ajustó la ventana; aunque no la cerró completa. Devolvió el cubo de basura a su lugar. De repente, Grigori levantó la cabeza y miró el final del callejón como si pasara algo. Con un rápido movimiento me cubrió entre su pecho y la pared matándome del susto. Intente apartarlo de mí sin comprender nada, hasta que oí la voz de un hombre que se encontraba a unos metros de Alexandre; entonces me aferré fuerte a su camisa. No podía entender qué decía, aunque Alexandre se volteó un poco y comenzó a hablarle en el mismo idioma. A pesar de todo seguía protegiéndome. No quería que me viera o por lo menos no a la cara, así tampoco quería que yo viera la suya. Mantuve la cabeza baja.

De nuevo intercambiaron palabras, luego el hombre soltó una carcajada logrando que se me pusiera la piel de gallina. Se hizo un silencio. Alexandre no se apartó de mí hasta que estuvo seguro de que el otro hombre no volviera.

-¿Quién era? -pregunté- ¿Qué quería?

-Preguntó si quería compartir -me aclaró mirando todavía el final del callejón por donde se había ido el hombre.

-¿Compartir?

-¡Compartir! -dijo, y me quedó claro a que se refería por el tono que había empleado.

Me cogió del brazo y nos pusimos a caminar.

-¿De dónde conocías a ese tipo? -pregunté.

-¿Quién te ha dicho que lo conozco?

-Hablaste su mismo idioma -dije.

-Eso no quiere decir nada.

Se asomó por la esquina, miró a ambos lados del Magnolia, y seguimos caminando, él aun agarrándome del brazo.

-¿Dónde está tu coche? -preguntó.

En la entrada del teatro se montó en la moto y me ordenó que subiera. Arrancó con un rugido y me senté detrás de él. Fuera quien fuera ese tipo, logro que Grigori me llevara en moto hasta mi coche; que no estaba muy lejos. Debía de ser peligroso. Se me revolvió el estómago.

-Vete directamente a casa -dijo una vez que llegamos a mi coche- y no vuelvas solo por aquí nunca más, sobre todo después de anochecer.

-¿Quién era ese hombre? No hablarías así si no lo conocieras -dije y mi malestar creció.

-Lo he visto por el Bronce, va a menudo. Tiene mala fama, sobre todo en lo que a adolescentes se refiere, porque no acepta una negativa. Espero a que nunca se cruce en tu camino. Yo si fuera tú no iría nunca más al Bronce.

-¡Clem trabaja ahí! Como no voy a ir -respondí-. ¿También se lo dijiste a ella?

-Ella sabe cuidarse sola -dijo irritado.

-¡Ah! ¿Y yo no?

-No, tú no.

-¿Y que piensas hacer si no te hago caso? -dije molesto subiendo al coche.

-Nada -contestó.

-Mejor, porque pienso seguir yendo. Nos vemos en el instituto -dije cerrando la puerta de golpe y pisando a fondo al acelerador.

Aunque lograra evitar que me hicieran algo, ¿quién se creía él como para decirme a dónde podía o no podía ir? ¡Qué arrogante!

Gus y Ethan me esperaban preocupados. Clem había llamado y les había preguntado por mí y se enteraron de que me había pasado. Ninguno de los dos me saludó. Ethan se había quedado en silencio y Gus no sabía si regañarme o abrazarme.

Escuché su sermón y sin más, me fui a la cama. Fue una noche con demasiada acción para mi gusto.

29 abril 2011

El Beso De Un Vampiro | Capítulo 3 “Estruendo En El Teatro (2da Parte)”


En el último segundo tiraron de mí y caí al suelo. Cerré los ojos. Pude sentir un cuerpo encima de mí, que me cubría de las tablas y los trozos de metal que caían fuertemente en nuestro alrededor. Se oyó otro crujido y el dichoso silbido de la cuerda. La otra parte de la tramoya se abalanzó sobre nosotros. Está vez si me asusté, quería gritar pero de mi boca no salio ningún sonido. Termine rindiéndome y solo deje que mi boca quedara un poco entreabierta. Aun con los ojos cerrados sentí como rodamos por el suelo, y luego escuche como cayó un andamio, imagino que justo en el lugar donde estábamos. Sentí como caíamos.

Abrí los ojos. No podía creerlo, debajo de mí estaba Alexandre Grigori. El era el que me había salvado.

Sus brazos me apretaban con tanta fuerza que apenas podía respirar. Vi mi cara reflejada en el cristal oscuro de sus gafas, -estaban apunto de caérseles- era como una combinación de pánico, miedo y algo de sorpresa.

Por un segunda –que pareció durar como una eternidad- pude ver sus ojos. Eran de color negro, debí imaginármelo. Sus pupilas tenían un tipo único de negro, que solo estaba reservado para los ángeles. Eran muy oscuros, los mas oscuros que jamas había visto en mi vida. Mientras lo miraba distinguí otro color, uno que se combinaba sutilmente con ese negro oscuro, pero aun así, el color era lo suficientemente obvio. Al igual que yo, cualquiera lo podría notar. Ese matiz extraño, imposible de creer, era rojo. Un rojo muy fuerte.

Sentí que me miraba y el tiempo se paró de repente. Su mano recorrió mi espalda y llego a mi cuello, toco mi cabeza suavemente y la coloco al lado de la suya. Por un instante sentí su respiración y como agitaba el fino vello de mi cuello.

-¡¿Están bien?! ¡¿Están heridos?!

El tiempo se detuvo por un rato muy largo, no se atrevía a avanzar, tenia miedo, pero como era de esperarse volvió a correr pero lo hizo tan deprisa, como queriendo recuperar el lapso perdido.

El profesor Finn corrió tan rápido como le permitían las muletas. Grigori me soltó, se colocó bien las gafas, y me ayudó a levantarme. Todos se acercaron a ver lo que había pasado y se creó un gran alboroto. Me fijé en el escenario, allí donde habíamos estado hace unos pocos segundos, estaba cubierto de madera, cuerdas y piezas de metal,

-¿Seguros que están bien? -preguntó de nuevo el profesor Finn.

Apenas y pude asentir con la cabeza. Miré a Grigori quien decía un sí con la cabeza mientras se levantaba con elegancia como si no hubiera pasado nada. El profesor suspiró aliviado. Yo, por mi parte, no podía dejar de repetirme que Alexandre Grigori me había salvado la vida.

Él pareció leerme los pensamientos, porque antes de que pudiera darle las gracias meneó la cabeza.

-No te hagas ilusiones, Summers -dijo en voz baja para que no lo escuchara nadie mas-, sólo fuiste mi buena acción del día, nada más ¿entendido?. Y por favor olvídate de esto lo antes posible.

Pasó de largo y despareció entre los demás. El profesor Steven Finn lo siguió con la mirada, sorprendido por lo que estaba haciendo, termino haciendo un gesto de incredulidad y se volvió hacia mí.

-¿Seguro que estás bien, Chris? -volvió a preguntar.

-Sí -asentí de nuevo.

Roland y Zak se me acercaron rápidamente hacia mí y se colocaron a mi lado. Clem se puso detrás de mí, como para sostenerme en el caso que desfalleciera.

-Bueno -dijo el profesor mirando el desorden-, hemos terminado por hoy. Antes de continuar, alguien tendrá que verificar que el teatro sea seguro. Nos vemos en clase mañana.

Todos recogieron sus chaquetas, mochilas y entre murmullos salieron del teatro. Al día siguiente todo el instituto sabía lo sucedido y lo que me había pasado. Moría de vergüenza de sólo pensar en todo lo que estarían diciendo de mi. Es decir, el chico más guapo del instituto había salvado mi vida. Pocas palabras un suceso imposible de olvidar. Quizá debería decir que me dolía la cabeza o tenía una enfermedad extraña para así no salir de casa durante los próximos años.

El profesor Finn me miró de arriba abajo, y después miró a Roland, Zak y a Clem de la misma forma.

-Ustedes tres, quédense con él, ¿si? -dijo dándole un billete de cien a Zak- vayan a comer algo antes de volver a casa, y dejen que Alexandre los acompañe si quiere. Él también debe estar algo conmocionado, así como Christian.

Los tres asintieron. Roland y Zak me tomaron del brazo, salimos del edificio mientras Clem –muy a pesar de los chicos- iba a buscar a Grigori. Volví por mi chaqueta y mochila, pero aunque quisiera ir solo, ellos no me dejaron, cosa que no me sorprendió.

Me llevaron del brazo aunque les aseguraba que podía caminar y que me encontraba perfectamente. Fuimos al café que se encontraba en la esquina del teatro Magnolia. Clem sólo pidió un café con leche, los chicos tomaron una gaseosa cada uno y yo pedí un batido de chocolate. Apenas participé en la conversación, no podía dejar de pensar que un tipo que no me aguantaba me había salvado la vida y lo peor no era eso, sino que Grigori estaba al otro lado del escenario cuando se me vino la tramoya encima. ¿Cómo pudo llegar hasta mí, en tan poco tiempo?

Miraba mi reflejo en la cristalera del café. Intentaba reproducir el momento imaginando la distancia que nos separaba. Por muchas vueltas que le diera no dejaba de parecerme imposible lo que había sucedido.

-¿Vieron dónde estaba cuando se soltaron las tablas? -dije interrumpiendo su conversación, y me miraron confundidos

-¿Quién? -contestó Roland jugando con la pajilla de su gaseosa

-Alexandre Grigori -se miraron absortos y a la ves con gesto pensativo.

-No -dijo Roland frunciendo el ceño- pero, calculo que tenía que estar sobre el escenario.

De repente lo vi a tu lado, se cayeron las cosas, y en un segundo caían del escenario.- los miré, Zak asintió y Clem se encogió de hombros- También vi como saltó -continuó-, te agarró y rodaste por el suelo. Pensé que les había caído algo encima. ¿Por qué lo preguntas?

Pues porque lo que había hecho Grigori era algo imposible, pensé, pero si se lo decía, pensarían que me había dado un golpe en la cabeza y querrían llevarme a un médico. O peor aún, al hospital.

-Por nada -dije con una sonrisa, inseguro-, fue tan rápido que no podía acordarme y pensé que ustedes me lo podrían explicar. No importa.

Roland y Zak me miraron de manera muy compresiva y Clem me acarició el brazo para intentar reconfortarme. Pero solo consiguieron que me sintiera peor, ya que al fin y al cabo les estaba mintiendo. Tome un poco de mi batido. Ya no estaba frío.

No podía quitarme esa idea de la cabeza, quería convencerme de que mis ojos no me habían engañado. Eche un vistazo a mi reloj. Ya era un poco más de las ocho. ¿Y si el profesor Finn todavía estaba en el teatro? Quizá tendría suerte y si no, por lo menos tenia que intentarlo. Mis amigos me miraron sorprendidos cuando me levanté. Roland, pensó que iba a casa, por lo que se ofreció a acompañarme, pero le rechacé. Tenía otros planes

18 abril 2011

El Beso De Un Vampiro | Capítulo 3 “Estruendo En El Teatro (1ra Parte)”


Antes de que empezaran las clases, ya se me habían acercado Roland y Zak. El día anterior se preocuparon por mí porque no les había contestado, ni devuelto las llamadas. En ese instante entendí que rechazarlas había sido un grave error de mi parte. Porque si les hubiera contestado; en este instante no estarían insistiendo tanto en saber qué me había pasado. Todos se dieron cuenta de mi mal humor. Y Dios sabe que tenía muy buenas razones para estarlo. Sin darle muchas vueltas al asunto les dije la verdad, les hable de todo lo que el idiota de Grigori me había hecho, les conté cada detalle sin omitir nada. Tenia que desahogarme de alguna manera.

Después de haber descargado toda mi frustración sentí algo de paz pero tan pronto como lo sentí, se esfumo. Un ataque de arrepentimiento y algo de pánico inundo mi cuerpo cuando en ese preciso instante la guerra de Roland, Zak y Jake contra Alexandre Grigori comenzó. Lo primero que hicieron fue pedirle explicaciones. ¡Tontos! –pensé- ni que fueran caballeros de la edad media o algo así para ir con la ¡ ESTÚPIDA! misión de defender mi honra.

Como era de esperarse del señor Grigori, reaccionó con ese típico aire de indiferencia y algo de arrogancia que lo caracteriza. En ese momento solo se dieron algunos empujones en el pasillo, pero lo que estaría por venir seria mucho peor, cuando se batieran a duelo en el entrenamiento de esgrima. Roland conocía muchos trucos que rozaban lo permitido, pero Grigori le demostró y además le enseño que el sabia muchísimos más. Su intención de ridiculizarlo delante de todos fue un completo y total fracaso. Para terminar el ya estúpido suceso, el entrenador tuvo que separarlos como si fueran dos niños de primaria para evitar así que fueran demasiado lejos. Clem y yo lo oímos todo desde la clase de gimnasia. Ahora Roland también se sentía insultado, lo que provoco que la situación empeorara aun más. Además si eso no fuera suficiente, Rosaline se encargo de difundir como un periódico ambulante que Grigori me había dado un plantón de una sola noche. Se lo dijo a todos, tanto los que quisieron escuchar como a los que no les importaba ni un cacahuete.

A Grigori, a diferencia de a mi, no le interesaba nada, absolutamente ¡nada!. Para mi era como una clase de enviado de otro planeta. Durante las cuatro semanas siguientes salió con un chico de nuestro curso y una chica de un curso superior, a la que encontraron llorando en los baños después de que el cortara con ella. Me asusté un poco de mi mismo al ver que no tenía compasión, pero la verdad era que tendría que haberlo pensado antes; Grigori ya tiene cierta fama. Durante esos días no podía mirarlo ala cara cuando me lo encontraba por casualidad en los pasillos. Pero aunque con disimulo, me fascinaban sus movimientos, suaves y acechantes. Hubiera dado cualquier cosa por verle a los ojos pero pensándolo mejor, para que arriesgarme a ver su mirada de asesino en serie, que por cierto, siempre me dedicaba.

Si, mejor era no mirarlo.

De una manera casi estúpida comencé a desarrollar un complejo por cada vez que oía su voz en el pasillo, entre los síntomas estaba que comenzaban a flaquearme las piernas. Una vez, nos encontramos cara a cara, y se me olvidó como respirar, aunque no me di cuenta de que me había pasado de largo. Pero antes –como era ya una costumbre entre nosotros- me dedicó una mirada asesina, por así decirlo. Yo aún no me explicaba por qué se había enfadado tanto conmigo, pero de algo estaba muy seguro. Lo que había pasado en la Montaña del Fin no podía ser el motivo.

Las últimas semanas de septiembre, volvió nuestro profesor de literatura inglesa, el profesor Steven Finn. Había tenido un grave accidente de auto poco después de empezar el curso y paso un tiempo en el hospital. Nuestro pobre profesor aún caminaba en muletas.

No me había enterado de que habían hecho un cambio de aula así que fui uno de los últimos en llegar. Como no tenía ganas de sentarme cerca de Roseline Hadaway, me fui a la penúltima silla. El profesor Finn ya estaba en su escritorio cuando entró Alexandre murmurando lo que parecía ser una disculpa. Para mi mala suerte sólo quedaba un asiento libre y que creen, era de la última fila…atrás de mí. Se me secó la garganta. A él tampoco le pasó desapercibida esta situación, apretó la mandíbula y se fue a la última fila. Roseline chismeó algo con sus amigas y estas rieron. Sin despegar la mirada del pizarrón me puse rojo de vergüenza. ¡Oh por Dios! El “Complejo Alexandre Grigori” aparecía de nuevo.

- Me parece que todavía no nos conocemos -dijo el señor Finn mirando la lista.

-No, todavía no -contestó-; me llamo Alexandre Grigori y me cambié a Cross hace apenas dos meses.

-Bienvenido, entonces -añadió el profesor-, preferiría que se sentara al lado de Christian, así no me quedaré afónico. No se preocupe no le va a morder.

Me di la vuelta, él me miró. No, yo no le mordería, pero, ¿él a mí? Después de un incómodo silencio se sentó a mi lado. La mirada que pude percibir, aunque a través de esas gafas oscuras, me mandaban al infierno como si yo fuera el culpable del acercamiento forzoso.


Con los brazos cruzados y sus largas piernas estiradas, Grigori se puso cómodo. Fijó la vista en el punto detrás del profesor y se quedó inmóvil, como diciendo: << Sólo estoy aquí porque me obligan, así que, déjame en paz >>. Y adivinen, no había otra cosa que hiciera yo con más placer que eso.


Al principio del curso habíamos empezado a leer El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde. Probablemente él no lo supiera o no le interesaba o había olvidado su libro en casa, la cuestión fue que cuando le tocó leer un pasaje, no tenia con que hacerlo. Le acerqué un poco el mio. Lo hice con precaución como cuando se le acerca un filete de carne a un animal salvaje enjaulado. Con fastidio se sentó derecho y se inclinó, algo así como a un centímetro de mí. 

Eche un vistazo bajo su pupitre y vi como apretaba los puños fuertemente.

Leyó alto y claro. Su voz me daba escalofríos y me costaba estar quieto. Le pasaba las páginas. Una vez casi se me olvida, aunque nadie pareció notarlo porque todos le escuchaban absortos. Me di cuenta de que tenía un ligero acento extranjero y de que a medida que avanzaba en la lectura se le notaba un poco más. 

Cuando salió de su asombro, el señor Finn le dijo que era suficiente. Grigori volvió a su posición de ante; distante y soberbio. Aunque me pareció oír relinchar sus dientes.

Al acabar la clase, el profesor nos pidió a todos quedarnos un momento.

-Como ya saben, el mes que viene es el de Halloween -dijo entre rumores-. Gracias al padre de Roseline lo celebraremos en el antiguo teatro Magnolia.

Hubo un rumor general. El profesor Finn levantó una mano asiéndonos callar.

-Ayer le eché un vistazo, está lleno de polvo y hay que sacar muchos trastos viejos antes de empezar a montar la decoración. Hoy, a las tres de la tarde, los del equipo de limpieza tienen que estar en la puerta –dijo- 

Los que como yo, pertenecemos al equipo de limpieza, emitimos un murmullo de fastidio.

-Sí, ya lo sé -dijo el señor Finn comprensivo-, pero alguna vez tenemos que empezar. Como Jake se ha roto la muñeca, necesitaremos a un sustituto -dijo mirando a Grigori sonriendo-. ¿Qué le parece, Alexandre? -sugirió-. Al fin y al cabo, dicen que fue el responsable del accidente.

Grigori iba a decir algo, apuesto que era un << ¡no!>> rotundo, pero el profesor Finn no le dio oportunidad.

-Muy bien, entonces solucionado -sentenció mirándolo-. Nos vemos allí a las tres.

Oí un suave gruñido a mi lado, sus labios eran una fina línea, estaba seguro de que no vendría, aunque eso significará ser amonestado. Pero para mi gran sorpresa me equivoqué. Vino. Zak y Roland –que pertenecían al equipo también- no parecieron alegrarse ni un poco.

El Magnolia era un teatro pequeño pero lo suficientemente grande como para albergar una fiesta de estudiantes locos. Los altos edificios de obras viejas, vista de escaleras de emergencias y repisas de gres, te transportaban a otra época, como si estuviera decorado para una película de Al Capone o diera un salto a los felices años veinte del siglo pasado. Fue en esa época que se construyó el teatro. Por lo que me habían dicho, sufrió un incendio y el dueño lo reconstruyó, pero no a tiempo de funcionar de nuevo y el teatro cerró definitivamente. Desde ese entonces había cambiado de dueños, hasta llegar al padre de Roseline. Una escalinata llevaba a la entrada; Grigori estaba apoyado en una columna, junto con su Blade negra. Saludó brevemente a Clem, y a mi me miró con dureza, ni a Roland ni a Zak los saludo mas bien los miró de reojo con esa sonrisa torcida con aire arrogante y su cara de vete al infierno.

La antesala del teatro, vestida con cortinas de terciopelo negro, apestaba a polvo y carecía de luz. Fuimos entrando poco a poco y un chico de pelo castaño y delgado –uno de las primeras víctimas de Grigori- estornudó varias veces. El señor Finn se adentró a una cortina grande y negra de terciopelo, armado con una linterna y desapareció. De pronto todo se hizo claro, al parecer el profesor Finn había encontrado el interruptor.

En fila india pasamos por debajo del telón con cuidado de no tocar nada para evitar que cayera más polvo, o que se viniera abajo por lo viejo. Grigori y Clem eran los últimos. Admiramos el viejo esplendor del Magnolia: una sala semicircular llena de sillas alrededor del escenario de la cual colgaban grandes cortinas de color negro y rojo en terciopelo. El techo estaba coronado por una cúpula en cuyo centro había una gran lámpara de araña con cristales colgantes –me pregunto ¿como es que no se ha caído?- Las paredes estaban decoradas con extrañas pinturas viejas. El escenario tenía un metro de alto, y los telones estaban recogidos. Todo el esplendor de antaño estaba cubierto por una gruesa capa de polvo. Tardaríamos una eternidad en limpiar todo esto por completo. Reprimí un suspiro.

El profesor Finn propuso limpiar primero la zona de los espectadores y la antesala.

Mientras unos limpiaban las sillas, otros limpiaban lámparas y telones.

Todo lo que estuviera roto o no funcionara teníamos que llevarlo afuera. Por la cara que ponía el profesor Finn, no contaba con acabar ese mismo día y ni el siguiente, y eso si lo lográbamos acabar a tiempo.

Nos dividió en grupos, separando a Roland y a Zak de Grigori ya que había notado la tensión que se estaba desarrollando entre ellos. Pero por lo visto no se dio cuenta de lo mal que me estaba mirando, porque me puso en su grupo junto con Clem y los gemelos Anne y Tom Winter. Nos ordenó que sacáramos todos los trastos del escenario, descolgáramos el telón y le quitáramos todo el polvo posible. Grigori escuchó en silencio con una sonrisa entre compasiva y burlona, ocupó el lugar que le asignaron para comenzar, que por cierto era la parte del escenario que menos estaba iluminada. 

Cogí uno de los sacos de basura que tan generosamente repartió el profesor Finn y comenzamos lo que seria un arduo trabajo. Anne y yo uníamos nuestra labor recogiendo basura mientras por un lado estaban Clem y Tom intentando descolgar el telón. Grigori estaba en la parte trasera del escenario limpiando y de vez en vez aparecía cargando basura para meterla en la bolsa de Anne. Por un momento Clem y Tom salieron para ir a sacudir el telón y Anne fue a sacar las bolsas de basura que ya estaban llenas afuera. Me quedé solo. Oí un fuerte ruido en la parte de atrás y escuche a Grigori toser. Parecía como que algo se hubiera desplomado. Me preocupe. Hubo otro estruendo mucho más fuerte que el primero. Así que sin pensarlo decidí acercarme para ver si Alexandre se encontraba bien. Al parecer nadie lo había notado porque fui el único en ir a ver lo que estaba pasaba. 

Encontré a Grigori en un pequeño cuarto trasero, estaba envuelto por una espesa nube de polvo. El suelo del lugar estaba cubierto por toda clase de cosas, restos de papeles viejos y objetos raros que habían estado en lo que había sido en sus tiempos gloriosos una estantería de madera. Vi a Grigori agacharse para recoger algo, estaba todavía tosiendo, y renegando en un idioma incomprensible. Me acerqué un poco más. Y como si fuera un sonámbulo, mire por encima de su hombro. Era un violín, lo que tenía en sus manos era un viejo violín. El le estaba quitando el polvo de la forma más delicada posible, era como si tuviera miedo de que se partiera en dos.

-¿Estás bien? -pregunté.

No entiendo porque llegue a pensar que resibiria una respuesta amable por parte de el. No se había dado cuenta de mi presencia, así que en cuanto me vio, hizo una especie de gruñido y puso su mala cara acompañada de su mirada asesina. Decidí ignorar su gesto de desagrado y vi el corte que tenia en la ceja izquierda. No pude evitar querer tocarla como tampoco pude evitar preocuparme, como si a el le importara que me preocupara por el.

-Estás sangrando

Acerqué mi mano a su cara para ver que tan grave era el corte, pero antes de poder hacerlo me cogió la muñeca y me la apretó con fuerza.

-Déjame en paz, Summers.

-Pero, tú…¡IDIOTA! Suéltame, que me estas lastimando imbécil –me queje, acto seguido me empujó contra la pared con fuerza.

Se me acercó con peligrosa lentitud, aun tenia el violín en las manos.

-¿Acaso no te quedó claro en el mirador? -me dijo con agresividad- ¡No te quiero cerca!

-No hace falta que me lo pidas. ¡Gran idiota! -respondí, y lo empujé sin siquiera hacerlo retroceder ningún centímetro.

>>Ojalá la próxima vez se te caigan las estanterías encima<< Pensé. Torció la boca como si hubiera leído mis pensamientos y salió del cuarto, lo vi cruzar el escenario. Si pensaba que iba a recoger el caos que había hecho, estaba muy equivocado. Volví por mi saco de basura y cuando iba a agacharme para recoger un trozo de madera, oí un fuerte estruendo. Miré hacia arriba y vi que se me venían encima un montón de tablones, pero me quedé paralizado, en ese momento mi cuerpo era incapaz de reaccionar. Todo fue muy rápido, pero por un instante vi lo que sucedía a mí alrededor en un ángulo de 360°. Todos miraban a mi dirección con cara de sorprendidos. Grigori caminaba con sigilo por un lado del escenario. Escuche el sonido de una cuerda desbocada en su polea. Oí una voz en mi interior que me decía a todo pulmón << ¡Corre!>>, pero no supe obedecerla. Solo pude quedarme mirando a la oscura imagen que se me venía encima.

CONTINUARA…

09 enero 2011

¡¡¡PARA MIS LECTORES!!!

Por problemas de tiempo 
los capítulos se han parado hasta nuevo aviso!!!
Pido disculpas a todos!!!!
Att: Kres Crimson

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