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Para todos los que me escriben al Formspring
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"El Beso De Un Vampiro"

Christian Summers era un chico normal que odiaba las matematicas, amaba los panqueques sobre cualquier cosa en el mundo y le gustaban las casas antiguas. Para él, su vida era perfecta hasta que conoció al promiscuo y muy popular Alexandre Grigori.
Un pequeño accidente en la que este le salva la vida y un encuentro, para no decir extraño, con un hombre desconocido; harán que Chris se pregunte ¿qué hay detrás de esas gafas oscuras y esa cara de ángel?. Sin detenerse a pensar en las consecuencias buscara respuestas a toda costa.
Muchos secretos por descubrir..
Muchas verdades por saber..
Y un amor que comenzara a nacer..
Lograran que Tú también quieras recibir "El Beso De Un Vampiro"

18 abril 2011

El Beso De Un Vampiro | Capítulo 3 “Estruendo En El Teatro (1ra Parte)”


Antes de que empezaran las clases, ya se me habían acercado Roland y Zak. El día anterior se preocuparon por mí porque no les había contestado, ni devuelto las llamadas. En ese instante entendí que rechazarlas había sido un grave error de mi parte. Porque si les hubiera contestado; en este instante no estarían insistiendo tanto en saber qué me había pasado. Todos se dieron cuenta de mi mal humor. Y Dios sabe que tenía muy buenas razones para estarlo. Sin darle muchas vueltas al asunto les dije la verdad, les hable de todo lo que el idiota de Grigori me había hecho, les conté cada detalle sin omitir nada. Tenia que desahogarme de alguna manera.

Después de haber descargado toda mi frustración sentí algo de paz pero tan pronto como lo sentí, se esfumo. Un ataque de arrepentimiento y algo de pánico inundo mi cuerpo cuando en ese preciso instante la guerra de Roland, Zak y Jake contra Alexandre Grigori comenzó. Lo primero que hicieron fue pedirle explicaciones. ¡Tontos! –pensé- ni que fueran caballeros de la edad media o algo así para ir con la ¡ ESTÚPIDA! misión de defender mi honra.

Como era de esperarse del señor Grigori, reaccionó con ese típico aire de indiferencia y algo de arrogancia que lo caracteriza. En ese momento solo se dieron algunos empujones en el pasillo, pero lo que estaría por venir seria mucho peor, cuando se batieran a duelo en el entrenamiento de esgrima. Roland conocía muchos trucos que rozaban lo permitido, pero Grigori le demostró y además le enseño que el sabia muchísimos más. Su intención de ridiculizarlo delante de todos fue un completo y total fracaso. Para terminar el ya estúpido suceso, el entrenador tuvo que separarlos como si fueran dos niños de primaria para evitar así que fueran demasiado lejos. Clem y yo lo oímos todo desde la clase de gimnasia. Ahora Roland también se sentía insultado, lo que provoco que la situación empeorara aun más. Además si eso no fuera suficiente, Rosaline se encargo de difundir como un periódico ambulante que Grigori me había dado un plantón de una sola noche. Se lo dijo a todos, tanto los que quisieron escuchar como a los que no les importaba ni un cacahuete.

A Grigori, a diferencia de a mi, no le interesaba nada, absolutamente ¡nada!. Para mi era como una clase de enviado de otro planeta. Durante las cuatro semanas siguientes salió con un chico de nuestro curso y una chica de un curso superior, a la que encontraron llorando en los baños después de que el cortara con ella. Me asusté un poco de mi mismo al ver que no tenía compasión, pero la verdad era que tendría que haberlo pensado antes; Grigori ya tiene cierta fama. Durante esos días no podía mirarlo ala cara cuando me lo encontraba por casualidad en los pasillos. Pero aunque con disimulo, me fascinaban sus movimientos, suaves y acechantes. Hubiera dado cualquier cosa por verle a los ojos pero pensándolo mejor, para que arriesgarme a ver su mirada de asesino en serie, que por cierto, siempre me dedicaba.

Si, mejor era no mirarlo.

De una manera casi estúpida comencé a desarrollar un complejo por cada vez que oía su voz en el pasillo, entre los síntomas estaba que comenzaban a flaquearme las piernas. Una vez, nos encontramos cara a cara, y se me olvidó como respirar, aunque no me di cuenta de que me había pasado de largo. Pero antes –como era ya una costumbre entre nosotros- me dedicó una mirada asesina, por así decirlo. Yo aún no me explicaba por qué se había enfadado tanto conmigo, pero de algo estaba muy seguro. Lo que había pasado en la Montaña del Fin no podía ser el motivo.

Las últimas semanas de septiembre, volvió nuestro profesor de literatura inglesa, el profesor Steven Finn. Había tenido un grave accidente de auto poco después de empezar el curso y paso un tiempo en el hospital. Nuestro pobre profesor aún caminaba en muletas.

No me había enterado de que habían hecho un cambio de aula así que fui uno de los últimos en llegar. Como no tenía ganas de sentarme cerca de Roseline Hadaway, me fui a la penúltima silla. El profesor Finn ya estaba en su escritorio cuando entró Alexandre murmurando lo que parecía ser una disculpa. Para mi mala suerte sólo quedaba un asiento libre y que creen, era de la última fila…atrás de mí. Se me secó la garganta. A él tampoco le pasó desapercibida esta situación, apretó la mandíbula y se fue a la última fila. Roseline chismeó algo con sus amigas y estas rieron. Sin despegar la mirada del pizarrón me puse rojo de vergüenza. ¡Oh por Dios! El “Complejo Alexandre Grigori” aparecía de nuevo.

- Me parece que todavía no nos conocemos -dijo el señor Finn mirando la lista.

-No, todavía no -contestó-; me llamo Alexandre Grigori y me cambié a Cross hace apenas dos meses.

-Bienvenido, entonces -añadió el profesor-, preferiría que se sentara al lado de Christian, así no me quedaré afónico. No se preocupe no le va a morder.

Me di la vuelta, él me miró. No, yo no le mordería, pero, ¿él a mí? Después de un incómodo silencio se sentó a mi lado. La mirada que pude percibir, aunque a través de esas gafas oscuras, me mandaban al infierno como si yo fuera el culpable del acercamiento forzoso.


Con los brazos cruzados y sus largas piernas estiradas, Grigori se puso cómodo. Fijó la vista en el punto detrás del profesor y se quedó inmóvil, como diciendo: << Sólo estoy aquí porque me obligan, así que, déjame en paz >>. Y adivinen, no había otra cosa que hiciera yo con más placer que eso.


Al principio del curso habíamos empezado a leer El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde. Probablemente él no lo supiera o no le interesaba o había olvidado su libro en casa, la cuestión fue que cuando le tocó leer un pasaje, no tenia con que hacerlo. Le acerqué un poco el mio. Lo hice con precaución como cuando se le acerca un filete de carne a un animal salvaje enjaulado. Con fastidio se sentó derecho y se inclinó, algo así como a un centímetro de mí. 

Eche un vistazo bajo su pupitre y vi como apretaba los puños fuertemente.

Leyó alto y claro. Su voz me daba escalofríos y me costaba estar quieto. Le pasaba las páginas. Una vez casi se me olvida, aunque nadie pareció notarlo porque todos le escuchaban absortos. Me di cuenta de que tenía un ligero acento extranjero y de que a medida que avanzaba en la lectura se le notaba un poco más. 

Cuando salió de su asombro, el señor Finn le dijo que era suficiente. Grigori volvió a su posición de ante; distante y soberbio. Aunque me pareció oír relinchar sus dientes.

Al acabar la clase, el profesor nos pidió a todos quedarnos un momento.

-Como ya saben, el mes que viene es el de Halloween -dijo entre rumores-. Gracias al padre de Roseline lo celebraremos en el antiguo teatro Magnolia.

Hubo un rumor general. El profesor Finn levantó una mano asiéndonos callar.

-Ayer le eché un vistazo, está lleno de polvo y hay que sacar muchos trastos viejos antes de empezar a montar la decoración. Hoy, a las tres de la tarde, los del equipo de limpieza tienen que estar en la puerta –dijo- 

Los que como yo, pertenecemos al equipo de limpieza, emitimos un murmullo de fastidio.

-Sí, ya lo sé -dijo el señor Finn comprensivo-, pero alguna vez tenemos que empezar. Como Jake se ha roto la muñeca, necesitaremos a un sustituto -dijo mirando a Grigori sonriendo-. ¿Qué le parece, Alexandre? -sugirió-. Al fin y al cabo, dicen que fue el responsable del accidente.

Grigori iba a decir algo, apuesto que era un << ¡no!>> rotundo, pero el profesor Finn no le dio oportunidad.

-Muy bien, entonces solucionado -sentenció mirándolo-. Nos vemos allí a las tres.

Oí un suave gruñido a mi lado, sus labios eran una fina línea, estaba seguro de que no vendría, aunque eso significará ser amonestado. Pero para mi gran sorpresa me equivoqué. Vino. Zak y Roland –que pertenecían al equipo también- no parecieron alegrarse ni un poco.

El Magnolia era un teatro pequeño pero lo suficientemente grande como para albergar una fiesta de estudiantes locos. Los altos edificios de obras viejas, vista de escaleras de emergencias y repisas de gres, te transportaban a otra época, como si estuviera decorado para una película de Al Capone o diera un salto a los felices años veinte del siglo pasado. Fue en esa época que se construyó el teatro. Por lo que me habían dicho, sufrió un incendio y el dueño lo reconstruyó, pero no a tiempo de funcionar de nuevo y el teatro cerró definitivamente. Desde ese entonces había cambiado de dueños, hasta llegar al padre de Roseline. Una escalinata llevaba a la entrada; Grigori estaba apoyado en una columna, junto con su Blade negra. Saludó brevemente a Clem, y a mi me miró con dureza, ni a Roland ni a Zak los saludo mas bien los miró de reojo con esa sonrisa torcida con aire arrogante y su cara de vete al infierno.

La antesala del teatro, vestida con cortinas de terciopelo negro, apestaba a polvo y carecía de luz. Fuimos entrando poco a poco y un chico de pelo castaño y delgado –uno de las primeras víctimas de Grigori- estornudó varias veces. El señor Finn se adentró a una cortina grande y negra de terciopelo, armado con una linterna y desapareció. De pronto todo se hizo claro, al parecer el profesor Finn había encontrado el interruptor.

En fila india pasamos por debajo del telón con cuidado de no tocar nada para evitar que cayera más polvo, o que se viniera abajo por lo viejo. Grigori y Clem eran los últimos. Admiramos el viejo esplendor del Magnolia: una sala semicircular llena de sillas alrededor del escenario de la cual colgaban grandes cortinas de color negro y rojo en terciopelo. El techo estaba coronado por una cúpula en cuyo centro había una gran lámpara de araña con cristales colgantes –me pregunto ¿como es que no se ha caído?- Las paredes estaban decoradas con extrañas pinturas viejas. El escenario tenía un metro de alto, y los telones estaban recogidos. Todo el esplendor de antaño estaba cubierto por una gruesa capa de polvo. Tardaríamos una eternidad en limpiar todo esto por completo. Reprimí un suspiro.

El profesor Finn propuso limpiar primero la zona de los espectadores y la antesala.

Mientras unos limpiaban las sillas, otros limpiaban lámparas y telones.

Todo lo que estuviera roto o no funcionara teníamos que llevarlo afuera. Por la cara que ponía el profesor Finn, no contaba con acabar ese mismo día y ni el siguiente, y eso si lo lográbamos acabar a tiempo.

Nos dividió en grupos, separando a Roland y a Zak de Grigori ya que había notado la tensión que se estaba desarrollando entre ellos. Pero por lo visto no se dio cuenta de lo mal que me estaba mirando, porque me puso en su grupo junto con Clem y los gemelos Anne y Tom Winter. Nos ordenó que sacáramos todos los trastos del escenario, descolgáramos el telón y le quitáramos todo el polvo posible. Grigori escuchó en silencio con una sonrisa entre compasiva y burlona, ocupó el lugar que le asignaron para comenzar, que por cierto era la parte del escenario que menos estaba iluminada. 

Cogí uno de los sacos de basura que tan generosamente repartió el profesor Finn y comenzamos lo que seria un arduo trabajo. Anne y yo uníamos nuestra labor recogiendo basura mientras por un lado estaban Clem y Tom intentando descolgar el telón. Grigori estaba en la parte trasera del escenario limpiando y de vez en vez aparecía cargando basura para meterla en la bolsa de Anne. Por un momento Clem y Tom salieron para ir a sacudir el telón y Anne fue a sacar las bolsas de basura que ya estaban llenas afuera. Me quedé solo. Oí un fuerte ruido en la parte de atrás y escuche a Grigori toser. Parecía como que algo se hubiera desplomado. Me preocupe. Hubo otro estruendo mucho más fuerte que el primero. Así que sin pensarlo decidí acercarme para ver si Alexandre se encontraba bien. Al parecer nadie lo había notado porque fui el único en ir a ver lo que estaba pasaba. 

Encontré a Grigori en un pequeño cuarto trasero, estaba envuelto por una espesa nube de polvo. El suelo del lugar estaba cubierto por toda clase de cosas, restos de papeles viejos y objetos raros que habían estado en lo que había sido en sus tiempos gloriosos una estantería de madera. Vi a Grigori agacharse para recoger algo, estaba todavía tosiendo, y renegando en un idioma incomprensible. Me acerqué un poco más. Y como si fuera un sonámbulo, mire por encima de su hombro. Era un violín, lo que tenía en sus manos era un viejo violín. El le estaba quitando el polvo de la forma más delicada posible, era como si tuviera miedo de que se partiera en dos.

-¿Estás bien? -pregunté.

No entiendo porque llegue a pensar que resibiria una respuesta amable por parte de el. No se había dado cuenta de mi presencia, así que en cuanto me vio, hizo una especie de gruñido y puso su mala cara acompañada de su mirada asesina. Decidí ignorar su gesto de desagrado y vi el corte que tenia en la ceja izquierda. No pude evitar querer tocarla como tampoco pude evitar preocuparme, como si a el le importara que me preocupara por el.

-Estás sangrando

Acerqué mi mano a su cara para ver que tan grave era el corte, pero antes de poder hacerlo me cogió la muñeca y me la apretó con fuerza.

-Déjame en paz, Summers.

-Pero, tú…¡IDIOTA! Suéltame, que me estas lastimando imbécil –me queje, acto seguido me empujó contra la pared con fuerza.

Se me acercó con peligrosa lentitud, aun tenia el violín en las manos.

-¿Acaso no te quedó claro en el mirador? -me dijo con agresividad- ¡No te quiero cerca!

-No hace falta que me lo pidas. ¡Gran idiota! -respondí, y lo empujé sin siquiera hacerlo retroceder ningún centímetro.

>>Ojalá la próxima vez se te caigan las estanterías encima<< Pensé. Torció la boca como si hubiera leído mis pensamientos y salió del cuarto, lo vi cruzar el escenario. Si pensaba que iba a recoger el caos que había hecho, estaba muy equivocado. Volví por mi saco de basura y cuando iba a agacharme para recoger un trozo de madera, oí un fuerte estruendo. Miré hacia arriba y vi que se me venían encima un montón de tablones, pero me quedé paralizado, en ese momento mi cuerpo era incapaz de reaccionar. Todo fue muy rápido, pero por un instante vi lo que sucedía a mí alrededor en un ángulo de 360°. Todos miraban a mi dirección con cara de sorprendidos. Grigori caminaba con sigilo por un lado del escenario. Escuche el sonido de una cuerda desbocada en su polea. Oí una voz en mi interior que me decía a todo pulmón << ¡Corre!>>, pero no supe obedecerla. Solo pude quedarme mirando a la oscura imagen que se me venía encima.

CONTINUARA…

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