¡¡NOTIFICATION!!

Para todos los que me escriben al Formspring
y quieren saber que paso con lo que me preguntaron y si Yo les respondí.
Solo tienen que entrar a esta pagina web

"El Beso De Un Vampiro"

Christian Summers era un chico normal que odiaba las matematicas, amaba los panqueques sobre cualquier cosa en el mundo y le gustaban las casas antiguas. Para él, su vida era perfecta hasta que conoció al promiscuo y muy popular Alexandre Grigori.
Un pequeño accidente en la que este le salva la vida y un encuentro, para no decir extraño, con un hombre desconocido; harán que Chris se pregunte ¿qué hay detrás de esas gafas oscuras y esa cara de ángel?. Sin detenerse a pensar en las consecuencias buscara respuestas a toda costa.
Muchos secretos por descubrir..
Muchas verdades por saber..
Y un amor que comenzara a nacer..
Lograran que Tú también quieras recibir "El Beso De Un Vampiro"

26 noviembre 2010

El Beso De Un Vampiro | Capitulo 2 “Como perros y gatos”


Alexandre le lanzó una ensaladera -donde seguramente estaban las palomitas- para después hacer un gesto con la cabeza, ella le sonrió. Cuando se volvió a nosotros estaba algo pálida y como ausente, pero nos sonrió como siempre.

-Mi escarabajo no arrancaba -se disculpó.

Señaló al tipo de negro que la había traído, que se quitó el casco. Nos quedamos de piedra a verlo, aunque Clem no pareció darse cuenta.

-Gracias a Alexandre no he tenido que venir caminando. Pasó justo cuando había perdido todas las esperanzas -dijo, y frunció el ceño como queriéndose acordar de algo, pero sacudió la cabeza como si no tuviera importancia-. Le he pedido que se quede.

Todos lo miramos. Traía sus gafas oscuras y apoyaba los brazos en el casco negro brillante. Nos devolvía la mirada con cierta arrogancia, como si no fuéramos a hacer caso a Clementine y lo fuéramos a despedir con un “gracias, hasta la vista”.

Roland fue primero en reaccionar.

-Claro, que se quede, si es que no le importa ver un par de películas viejas de vampiros -ofreció tranquilo.

Lo miré sorprendido, pero después se me ocurrió que era la única oportunidad para sacarnos de encima a Roseline. Aunque no fuera justo para Grigori, tenía la esperanza de que mi plan funcionara.

Nos dedicó una media sonrisa un tanto cínica y apagó el motor.

-¿Qué película es? -preguntó.

Su voz, profunda y suave, encajaba perfectamente con su aspecto. Era la primera vez que lo escuchaba y se me secó la garganta. “¡Sigue hablando!”, suplicó una parte de mí, que ya no estaba tan segura de querer entregárselo a Rose.

-Drácula de Coppola -dijo Roland cruzándose de brazos.

-Buena película -contestó asintiendo-, sobre todo cuando al final dice “Dame paz”.-lo dijo con una voz ronca, imitando la de Gary Oldman en esa escena y rió entre dientes como si sólo él pudiera entender el chiste.

-Oye, ¿es tuya la máquina? -preguntó Max bajando la escalera de la entrada-. En el instituto me preguntaba de quién era la Fireblade, pensaba que era de algún profesor.

Tardé un par de minutos en entender que era la moto de la que hablaban. Grigori también se quedó pensativo durante un momento.

-Sí, la Blade es mía -confirmó, y acarició el depósito.

Miré su gesto de cariño un tanto sorprendido. Por lo visto su familia tenía tanto dinero como para comprarle semejante juguetito, sin importarle que su hijo fuera algo problemático.

-¿A cuando corre? -dijo Jake abriendo paso y acercándose a Roland y a Max.

En poco tiempo se les unió Taylor, hablando con él sobre cosas de motos, sobre piezas, tubos de escape, neumáticos, y estribos rascados de tomar curvas. A saber que tenía eso de interesante. Continuaron su charla como si se conocieran desde hace años, incluso Roland participaba, y se olvidaron completamente de la película. Cuando empezaron a hablar de tuning y portátiles.

Clementine y yo estábamos ahí parados esperándolos, la verdad nunca me habían interesado demasiado el tema de los autos. Ahora que me acordaba ¿será él, el motociclista de negro que casi lo atropellaba la otra vez?

De repente todos callaron, y Grigori levantó la cabeza. La mirada de Roland, Taylor, Max y Jake me desveló que no era ni Clem ni nadie más el que se me acercaba a la espalda.

-Hola, Alex -dijo Roseline avanzando con un porte de una reina.

Grigori la miró sin decir nada. La sonrisa sarcástica de Grigori que se dibujó en sus labios me recordó a un gato cuando juega con un ratón. Parecía que Rose no se daba cuenta de eso. Roland, Jake, Max y Taylor la dejaron pasar y ella apoyó una mano en el manillar de la moto.

-Hola- contestó Grigori con retraso, quitándole la mano de la moto.

Roseline recuperó su porte de reina por el corte que le había hecho Grigori y comenzó a acariciarlo.

-¿Te quedas a ver una películas? -preguntó sonriendo.

Su voz sonaba como el ronroneo de un gato. Se le acercó aún más.

-¿Quieres que me quede? -contestó con el mismo tono.

-Claro -respondió, acomodándose el mechón detrás de la oreja-, aunque no me he ido en una moto como ésta.

-Vaya, ¿de veras?... ¿Te apetece dar una vuelta?

Cuando Rose se volvió y me miró con despecho entendí que la pregunta era para mí.

-¿Me lo dices a mí? -pregunté sonrojado, avergonzado como un tonto.

-No, al rubio de ojos azules que tienes atrás de ti- me lo dijo tan serio que me di vuelta para ver si había un chico de ojos azules y pelo rubio.

Ahí me di cuenta que no había ninguna chico, sino que era nada más ni nada menos que yo, me senti tan tonto que lo miré mosqueada. ¿Cuándo se había fijado en mí? Él levantó una ceja, y parecía que Roseline se iba a lanzar a mí yugular.

-Por qué no -dije asintiendo, y me acerqué lo más relajado que pude.

-Si tienes una chaqueta, póntela -me dijo- no quiero que pases frío.

Me giré y entré a la casa -¡Tonto, tonto, tonto, tonto!-, me puse la chaqueta y volví como si no tuviera prisa.

Roland me miró incrédulo y Grigori sonreía. Su dentadura era perfecta. Me acerqué y me subí a la moto. Quería agarrarme sólo del cinturón, pero él me tomó las manos y las puso en su cintura, apretándome contra él. Roseline me lanzó una mirada de esas asesinas, mientras yo aún no me había recuperado de mi sonrojo.

Arrancó con habilidad, salimos y aceleró. Asustado, me aferré a él. Corría como un loco, pero no quise confesar mi miedo, así que callé. El viento me tiraba el pelo. En la calle principal aceleró aún más. Detrás de él, me hice lo más pequeño que pude, apoyé mi cabeza en su espalda, cerré los ojos con fuerza y me preparé para la muerte.

-¡Relájate! -gritó fuerte ya que por el ruido del viento no se oía.

Me dio unos golpecitos en la mano. ¿Cómo soltaba el manillar a esa velocidad? ¡Maldito loco! Levanté la cabeza y miré por encima de su hombro. El viento me golpeó en la cara y yo volvía a cubrirme de nuevo. Empezamos a pasar por los árboles; ya habíamos salido de la cuidad.

-¿Adonde? -me preguntó.

-¿Cómo que “adonde”? -pregunté.

-¿A Dónde vamos?

Dudé unos minutos.

-¿Has subido a la montaña de fin? –dije.

-¿Dónde está?

Le expliqué como llegar y la moto rugió de nuevo.

No disminuyó la velocidad hasta que se metió por el camino de tierra que llevaba hasta el mirador. Di gracias a Dios, aunque seguía yendo tan rápido como para estar un poco fuera del límite, además que en las curvas se le iba la rueda. En un momento derrapo tanto que tuvo que apoyar el pie. Ahí seguramente grité del susto, porque lo oí reírse. Sí, desde chico le tuve miedo a la velocidad, además de que cada vez que manejo mi Audi tiene que ser precavidamente, pero él, era un maldito temerario.

Llegamos, paró la moto, me bajé y tropecé después de dar un par de pasos con las rodillas flojeándome. Entendí por qué Clem había llegado tan pálida.

-Eres todo un maniático -le dije secamente en cuanto se quitó el casco.

Con gesto divertido, simulando no entender, meneó la cabeza mientras apoyaba la moto en el caballete.

-No te pongas así -dijo- ¿acaso te ha pasado algo?

No contesté y él miró a mí alrededor.

-No está mal el sitio -dijo asintiendo, y se acercó al borde del mirador, rodeado de tupido bosque por tres de sus cuatro lados. Había una vista maravillosa de Rutland. Me acerqué a su lado y observé la cuidad. Por costumbre busqué el punto luminoso de mi casa, mientras respiraba el aire puro con olor tierra y bosque. Me ayudó a tranquilizarme. Estuvimos un rato en silencio.

-¿Siempre conduces así? -pregunté, y me senté sobre una roca lisa de dos metros del precipicio. El viento soplaba entre las hojas de los árboles y levantaba las del suelo.

Me miró, y me di cuenta de que se había quitado las gafas, aunque estaba oscuro que sólo veía su silueta.

-No temas, tengo buenos reflejos -dijo sonriendo-. ¿Qué es esto? -preguntó señalando el mirador-. ¿Este es el nido de amor al que vienes tú?

Agradecí a la oscuridad ya que gracias a eso no se veía el rubor de mi rostro

-En verano quizá sí, pero no para mí -admití-, más bien solo vengo aquí porque es muy tranquilo. Además, la vista es increíble.

-Ajá, ¿y por qué me has traído? -dijo acercándose.

En la oscuridad su cara se veía pálida como la de un fantasma.

-Tú fuiste quien me invitó a dar una vuelta -le recordé-. Tú sabrás por qué lo habrás hecho.

-¿Y por qué crees que lo he hecho?

La verdad es que ni me lo había planeado. Yo sólo quería… ¿qué quería?

Como no respondía, él sonrió. Una sonrisa oscura e impecable.

-Sólo para que no haya mal entendidos te diré, Summers, que si te he pedido que vinieras era nada más para darle un corte a Roseline. Me saca de quicio.

Su tono cruel, y que me llamara con tono despectivo por mi apellido –por cierto cómo sabía-, me hizo enfadar.

-¿Así que me has utilizado?-

-Sin duda -dijo acercándose demasiado- ¿Por qué otra razón te iba a invitar?

Di un paso atrás.

-¿Me tienes miedo Summers? -sus dientes brillaron en la oscuridad.

-Qué va. Sólo no te quiero volver a ver; me das asco.

-¿No? -dijo riendo de nuevo, y me puso la piel de gallina-. Admítelo, Summers. Te has hecho ilusiones, como todas y todos. Por eso no me has dicho que no cuando te preguntaba si querías venir -se burló con sorna-. Todos (as) son iguales, tan previsibles. Ven a un chico guapo y se convierten en hienas, no piensan en otra cosa.

-¡Mira quien habla! -contesté con furia- ¿Quién estuvo con cuatro chicas y un chico en tres semanas?

-Dos, fueron dos- me corrigió-, y en la Biblia está escrito: “A quien pida se le dará”.

Su sonrisa me dio ganas de cruzarle la cara con un puñetazo. Lo empujé de nuevo.

-¡Eres un teme imbécil y arrogante! -le grité fuertemente.

Un viento frío chocó contra mi cuello despeinandome el cabello de paso, Grigori parecía inmóvil, y una mezcla de sorpresa y miedo se reflejó en su cara antes de convertirse en furia y rabia.

Masculló algo bruscamente, como si maldijera. Parecía que le hubiera pegado de veras. Nos miramos en la oscuridad y se acarició el pelo negro, que brillaba a la luz de la luna.

-¿Sabes qué, Summers? ¡Tú verás como vuelves a casa! -dijo.

Se dio la vuelta y se dirigió dando grandes pasos hacía la moto. Se puso el casco y se acomodó para después subir el caballete. Cuando arrancó me di cuenta de que en verdad me iba a dejar ahí. Quise pararle pero ya era demasiado tarde. Al realizar el giro sus ruedas escupían piedras y tierra. La luz roja desapareció entre los árboles mientras yo corría detrás, desvalido y maldiciéndolo, me detuve. Probablemente había estacionado unos metros más lejos y me estaba esperando en un lugar donde no lo pudiera ver. Lo único que me imaginaba era que pudiera dejar así; podría estar loco, pero no tanto. ¿Qué le habría entrado de repente? Me ceñí la chaqueta y caminé en círculos para entrar en calor. Si no iba yo, subiría él a buscarme en cuanto se cansara de esperar. La hojarasca crujía entre pasos y también entre los árboles. Se oyeron varios aullidos a no mucha distancia. Agudicé los cinco sentidos para que no me pillaran desprevenido la broma de Grigori, pero era evidente que no estaba ahí, así que seguía dando vueltas para no enfriarme.

¿Por qué se había enfadado así de repente? Cuando dijo que todos éramos iguales sonó a que había estado cansado de que todos cayeran a sus pies con sólo una mirada. Pero yo no había caído a sus pies, y si lo hubiera hecho, no se podía a ver dado cuenta en la oscuridad.

No dejaba de mirar el reloj, y Grigori no aparecía. Ya estaba harta de la bromita, así que metí mis manos en los bolsillos y emprendí el camino de vuelta a casa, ¡Si pensaba que me iba a quedar ahí esperándolo toda la noche, pues estaba muy equivocado!

Estaba muy oscuro, tropecé varias veces, con agujeros o piedras y casi me tuerzo el tobillo. A cada paso me ponía muy nervioso, y a medida que avanzaba y me acercaba a la carretera esperaba oír la moto, pero sólo se oía el viento, las hojas secas y alguna lechuza de vez en cuando.

Tampoco oí la moto cuando vi la carretera. En cualquier momento escucharía su bramido y el me miraría con su sonrisa cínica y burlona, pero no. ¡Él muy idiota me había tirado de veras! Saqué mi móvil, pero no sabía a quien decirle que me viniera a buscar, y me quedé pensativo. ¿Ethan? Si mi tío se enteraba no me dejaría dar un paso afuera de mi casa sin mi escolta de orangutanes. Marqué el número de Roland, pero me acordé de que Roseline todavía estaría con ellos, y era la última que debía enterarse, se burlaría de mí, y al día siguiente toda la escuela lo sabría.

¡Ni loco! No, si podía evitarlo. Llame a Ethan, ya le convencería de que no le dijera nada a mi tío. Me respondió de inmediato. Me pareció oír el ruido de un motor. ¿Por qué no me sorprendió que ya estuviera ahí el coche? Le expliqué rápidamente lo que me había sucedido y dónde podía pasar por mí. Colgué y me imaginé su sonrisa. Metí las manos en los bolsillos y seguí caminando. Sonó mí móvil y vi él número, era de Roland: rechacé la llamada. No tenía ganas de responder preguntas, además no quería que Roseline se enterara. Se me había olvidado lo molesto que podía ser Roland; al final acabe por apagar mi móvil.

Al poco rato, me iluminaron los focos del Mercedes. Ethan venía de un lugar cercano. Probablemente me había visto salir con Grigori y nos había seguido hasta perdernos de vista. No hubiera sido nada raro, con lo rápido que había ido ese idiota, ¿como no? Me senté en el asiento del copiloto y me puse el cinturón. Sin mediar palabra, Ethan subió la calefacción. Se limitó a asentir cuando le pedí que no le dijera nada a mi tío, aunque no dejaba de mirarme por el rabillo del ojo durante toda la vuelta a casa. Me hice pequeño en el asiento e hice como si no me hubiera dado cuenta. ¿Por qué me sentía tan mal? ¡Hasta ese día no había tenido nada que ver con ese desgraciado! Miraba por la ventana, enfadado conmigo mismo por a ver accedido a su estúpida invitación.

Dios mio, librara de volver a ver al idiota de Grigori nuevamente.

3 Comments:

Anónimo dijo...

La historia es buena..
La trama se pone cada vez mas interesante, ya kiero leer el sig capitulooo!!

Anónimo dijo...

muy buenaa la historia, es muii atrapante xD
Cuando el 3º capitulo ?

cuervo perdido dijo...

Oorale stubOo jeneall..netaa..♥

Publicar un comentario

Cada día es una pequeña vida

Este Blog esta..

I Want to Be...

If You Like My Blog

Follow me

Sonriendo Como Una Mona Lisa

Lagrimas

Corazón Sangriento