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Para todos los que me escriben al Formspring
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"El Beso De Un Vampiro"

Christian Summers era un chico normal que odiaba las matematicas, amaba los panqueques sobre cualquier cosa en el mundo y le gustaban las casas antiguas. Para él, su vida era perfecta hasta que conoció al promiscuo y muy popular Alexandre Grigori.
Un pequeño accidente en la que este le salva la vida y un encuentro, para no decir extraño, con un hombre desconocido; harán que Chris se pregunte ¿qué hay detrás de esas gafas oscuras y esa cara de ángel?. Sin detenerse a pensar en las consecuencias buscara respuestas a toda costa.
Muchos secretos por descubrir..
Muchas verdades por saber..
Y un amor que comenzara a nacer..
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29 abril 2011

El Beso De Un Vampiro | Capítulo 3 “Estruendo En El Teatro (2da Parte)”


En el último segundo tiraron de mí y caí al suelo. Cerré los ojos. Pude sentir un cuerpo encima de mí, que me cubría de las tablas y los trozos de metal que caían fuertemente en nuestro alrededor. Se oyó otro crujido y el dichoso silbido de la cuerda. La otra parte de la tramoya se abalanzó sobre nosotros. Está vez si me asusté, quería gritar pero de mi boca no salio ningún sonido. Termine rindiéndome y solo deje que mi boca quedara un poco entreabierta. Aun con los ojos cerrados sentí como rodamos por el suelo, y luego escuche como cayó un andamio, imagino que justo en el lugar donde estábamos. Sentí como caíamos.

Abrí los ojos. No podía creerlo, debajo de mí estaba Alexandre Grigori. El era el que me había salvado.

Sus brazos me apretaban con tanta fuerza que apenas podía respirar. Vi mi cara reflejada en el cristal oscuro de sus gafas, -estaban apunto de caérseles- era como una combinación de pánico, miedo y algo de sorpresa.

Por un segunda –que pareció durar como una eternidad- pude ver sus ojos. Eran de color negro, debí imaginármelo. Sus pupilas tenían un tipo único de negro, que solo estaba reservado para los ángeles. Eran muy oscuros, los mas oscuros que jamas había visto en mi vida. Mientras lo miraba distinguí otro color, uno que se combinaba sutilmente con ese negro oscuro, pero aun así, el color era lo suficientemente obvio. Al igual que yo, cualquiera lo podría notar. Ese matiz extraño, imposible de creer, era rojo. Un rojo muy fuerte.

Sentí que me miraba y el tiempo se paró de repente. Su mano recorrió mi espalda y llego a mi cuello, toco mi cabeza suavemente y la coloco al lado de la suya. Por un instante sentí su respiración y como agitaba el fino vello de mi cuello.

-¡¿Están bien?! ¡¿Están heridos?!

El tiempo se detuvo por un rato muy largo, no se atrevía a avanzar, tenia miedo, pero como era de esperarse volvió a correr pero lo hizo tan deprisa, como queriendo recuperar el lapso perdido.

El profesor Finn corrió tan rápido como le permitían las muletas. Grigori me soltó, se colocó bien las gafas, y me ayudó a levantarme. Todos se acercaron a ver lo que había pasado y se creó un gran alboroto. Me fijé en el escenario, allí donde habíamos estado hace unos pocos segundos, estaba cubierto de madera, cuerdas y piezas de metal,

-¿Seguros que están bien? -preguntó de nuevo el profesor Finn.

Apenas y pude asentir con la cabeza. Miré a Grigori quien decía un sí con la cabeza mientras se levantaba con elegancia como si no hubiera pasado nada. El profesor suspiró aliviado. Yo, por mi parte, no podía dejar de repetirme que Alexandre Grigori me había salvado la vida.

Él pareció leerme los pensamientos, porque antes de que pudiera darle las gracias meneó la cabeza.

-No te hagas ilusiones, Summers -dijo en voz baja para que no lo escuchara nadie mas-, sólo fuiste mi buena acción del día, nada más ¿entendido?. Y por favor olvídate de esto lo antes posible.

Pasó de largo y despareció entre los demás. El profesor Steven Finn lo siguió con la mirada, sorprendido por lo que estaba haciendo, termino haciendo un gesto de incredulidad y se volvió hacia mí.

-¿Seguro que estás bien, Chris? -volvió a preguntar.

-Sí -asentí de nuevo.

Roland y Zak se me acercaron rápidamente hacia mí y se colocaron a mi lado. Clem se puso detrás de mí, como para sostenerme en el caso que desfalleciera.

-Bueno -dijo el profesor mirando el desorden-, hemos terminado por hoy. Antes de continuar, alguien tendrá que verificar que el teatro sea seguro. Nos vemos en clase mañana.

Todos recogieron sus chaquetas, mochilas y entre murmullos salieron del teatro. Al día siguiente todo el instituto sabía lo sucedido y lo que me había pasado. Moría de vergüenza de sólo pensar en todo lo que estarían diciendo de mi. Es decir, el chico más guapo del instituto había salvado mi vida. Pocas palabras un suceso imposible de olvidar. Quizá debería decir que me dolía la cabeza o tenía una enfermedad extraña para así no salir de casa durante los próximos años.

El profesor Finn me miró de arriba abajo, y después miró a Roland, Zak y a Clem de la misma forma.

-Ustedes tres, quédense con él, ¿si? -dijo dándole un billete de cien a Zak- vayan a comer algo antes de volver a casa, y dejen que Alexandre los acompañe si quiere. Él también debe estar algo conmocionado, así como Christian.

Los tres asintieron. Roland y Zak me tomaron del brazo, salimos del edificio mientras Clem –muy a pesar de los chicos- iba a buscar a Grigori. Volví por mi chaqueta y mochila, pero aunque quisiera ir solo, ellos no me dejaron, cosa que no me sorprendió.

Me llevaron del brazo aunque les aseguraba que podía caminar y que me encontraba perfectamente. Fuimos al café que se encontraba en la esquina del teatro Magnolia. Clem sólo pidió un café con leche, los chicos tomaron una gaseosa cada uno y yo pedí un batido de chocolate. Apenas participé en la conversación, no podía dejar de pensar que un tipo que no me aguantaba me había salvado la vida y lo peor no era eso, sino que Grigori estaba al otro lado del escenario cuando se me vino la tramoya encima. ¿Cómo pudo llegar hasta mí, en tan poco tiempo?

Miraba mi reflejo en la cristalera del café. Intentaba reproducir el momento imaginando la distancia que nos separaba. Por muchas vueltas que le diera no dejaba de parecerme imposible lo que había sucedido.

-¿Vieron dónde estaba cuando se soltaron las tablas? -dije interrumpiendo su conversación, y me miraron confundidos

-¿Quién? -contestó Roland jugando con la pajilla de su gaseosa

-Alexandre Grigori -se miraron absortos y a la ves con gesto pensativo.

-No -dijo Roland frunciendo el ceño- pero, calculo que tenía que estar sobre el escenario.

De repente lo vi a tu lado, se cayeron las cosas, y en un segundo caían del escenario.- los miré, Zak asintió y Clem se encogió de hombros- También vi como saltó -continuó-, te agarró y rodaste por el suelo. Pensé que les había caído algo encima. ¿Por qué lo preguntas?

Pues porque lo que había hecho Grigori era algo imposible, pensé, pero si se lo decía, pensarían que me había dado un golpe en la cabeza y querrían llevarme a un médico. O peor aún, al hospital.

-Por nada -dije con una sonrisa, inseguro-, fue tan rápido que no podía acordarme y pensé que ustedes me lo podrían explicar. No importa.

Roland y Zak me miraron de manera muy compresiva y Clem me acarició el brazo para intentar reconfortarme. Pero solo consiguieron que me sintiera peor, ya que al fin y al cabo les estaba mintiendo. Tome un poco de mi batido. Ya no estaba frío.

No podía quitarme esa idea de la cabeza, quería convencerme de que mis ojos no me habían engañado. Eche un vistazo a mi reloj. Ya era un poco más de las ocho. ¿Y si el profesor Finn todavía estaba en el teatro? Quizá tendría suerte y si no, por lo menos tenia que intentarlo. Mis amigos me miraron sorprendidos cuando me levanté. Roland, pensó que iba a casa, por lo que se ofreció a acompañarme, pero le rechacé. Tenía otros planes

1 Comments:

•°•.•°•.♥*•¸♥.Lluviaenelsilenciodelanoche•*•¸♥ ♥. •°•.•° dijo...

Muy interesante , cada vez quiero leer mas.

gracias por compartir, te dejo un abrazo.

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