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Para todos los que me escriben al Formspring
y quieren saber que paso con lo que me preguntaron y si Yo les respondí.
Solo tienen que entrar a esta pagina web

"El Beso De Un Vampiro"

Christian Summers era un chico normal que odiaba las matematicas, amaba los panqueques sobre cualquier cosa en el mundo y le gustaban las casas antiguas. Para él, su vida era perfecta hasta que conoció al promiscuo y muy popular Alexandre Grigori.
Un pequeño accidente en la que este le salva la vida y un encuentro, para no decir extraño, con un hombre desconocido; harán que Chris se pregunte ¿qué hay detrás de esas gafas oscuras y esa cara de ángel?. Sin detenerse a pensar en las consecuencias buscara respuestas a toda costa.
Muchos secretos por descubrir..
Muchas verdades por saber..
Y un amor que comenzara a nacer..
Lograran que Tú también quieras recibir "El Beso De Un Vampiro"

14 octubre 2011

Sorteo | Bessos Oscuros Internacional

El concurso termina el 31 de Octubre a las 11.59 pm hora México..


El premio es:


Un ejemplar de Drácula de Bram Stoker
4 marcapáginas del blog

Bases y requisitos pinchando el banner :



Blog:

10 octubre 2011

El Beso De Un Vampiro | Capítulo 4 “Violines En La Noche”


La oscuridad y el silencio reinaban en el viejo teatro. No se veía ninguna luz. El profesor Finn, como era de esperarse, ya se había marchado. Intente abrir la puerta pero estaba bien cerrada. Comencé alumbrar el lugar con una linterna que tenía en el coche.

Vi la moto de Grigori. Estaba al lado de la escalera de entrada. Todavía andaba por aquí ¿Pero dónde? ¿En el Magnolia? Desde fuera no se veía ninguna luz encendida. A lo mejor estaba por ahí cerca. El Bronce se encontraba cerca, tan sólo a un par de calles de distancia. Pero él no hubiera dejado su moto aquí sola ¿cierto? Esta parte de la cuidad no tenía buena fama, mas bien la gente la evitaba. Los únicos coches que se escuchaban provenía de la avenida principal y esa estaba muy lejos.

La Fireblade estaba en la entrada más alejada de la calle. Me distancié un poco para observar bien el teatro. Todo estaba muy oscuro y tranquilo, no había nadie eso era seguro. Lo mejor sería que me fuera. Le preguntaría mañana a Grigori como le había hecho o le pediría la llave al profesor Finn.

Pero cuando estaba cerca del lugar donde se encontraba mi coche, aun seguía con esa sensación. No podía quitármela de la cabeza. Tenía que saberlo. Tenia que entender lo que había pasado. Me di la vuelta. Decidido comencé a caminar en dirección al teatro.


Me encontré con un estrecho paso entre el Magnolia y otro edificio. Me aseguré de que no hubiera nadie. Ya podría ver los titulares <> <>. Por un titular así mi tío me llevaría a un pueblo mil veces más aburrido que Routlan y dejaría que me pudriera ahí el resto de mi vida. Me metí en el callejón. Ilumine los viejos cubos de basura. Detrás de ellos vi que algo se movía. Me tropecé con unos ojos brillantes. Un gato. Había salido de su escondite, pero así como aparecido así desaparecido en la oscuridad de la noche. Suspiré y seguí caminando. 



Detrás del Magnolia había una escalera de emergencia; pero esta estaba tan oxidada que preferí escalar la pared antes de confiar en su resistencia.

Justo arriba de la escalera había una ventana entreabierta. Mi corazón latía con fuerza. Mis manos estaban frías y húmedas. Ignoré la débil vocecilla en mi cabeza que gritaba que me alejara de ahí lo más rápido posible, que lo dejara para mañana. Pero decidí ignorarla así como también ignore todas las consecuencias que esta estupidez me traería. Busqué algo en que subirme para llegar a la ventana. Evitando hacer ruido, coloqué un cubo de basura y me subí en él, abrí la ventana e iluminé el cuarto. Estaba lleno de basura y muebles cubiertos con sábanas. Decidido. Entre. Un viejo sillón me dio la bienvenida y amortiguo mi caída. Crucé la habitación abriéndome paso entre los muebles y la basura. Me disponía a salir cuando percibí un rayo de luz y que algo se movía. Me quedé inmóvil. Dejé de respirar hasta que –mirando fijamente el lugar- logre descubrir que tan solo era un espejo sin cubrir. Me había asustado de mi mismo; que tonto. Salí del cuarto echándome en cara mi miedo infantil. Lance un vistazo fugas al pasillo ¿Estaba alucinando o alguien tocaba… un violín? Escuche mas atentamente y no, no había duda. Alguien de verdad lo hacía. Aunque estaba lejos la música sonaba suave, dulce y apasionada. La intensidad fue creciendo desembocando otros sentimientos más intensos; rabia, amargura y desesperación. Me dieron ganas de salir huyendo pero la melodía suave volvió haciendo cambiar de idea. Se hizo el silencio. Que yo supiera no habían fantasmas en este teatro, entonces ¿quién tocaba el violín? ¿No sería? ¿Grigori? JA, sólo de pensarlo me hacía mucha gracia. ¿Ese tipo tan arrogante tocando un instrumento tan armonioso, como lo era el violín? Eso era –realmente- algo de locos. La música volvió a sonar y la curiosidad de saber quien la tocaba se apoderó en mí ¿y si realmente era Grigori? Tenía que saberlo, algo en mi me lo exigía. En caso contrario de que no fuera él, tenía la linterna; sería una perfecta arma improvisada.

Poco a poco abrí una puerta y eche un vistazo. Estaba oscuro. Encendí la linterna un momento para orientarme y la apague rápidamente. En caso de que no fuera Grigori; tenía que salir sin que me vieran y la luz podría delatarme.

Debía estar en la parte trasera del teatro. Seguramente en los camerinos. Un pasillo estrecho me llevaría hasta el escenario. Encendí y apagué la linterna de nuevo y seguí avanzando esta vez casi a tientas. Estaba completamente a oscuras. Después de doblar la esquina me pareció ver el escenario. En ese momento era demasiado arriesgado prender la linterna. No pasaría desapercibida desde la parte trasera; cuanto más me acercaba mejor distinguía las siluetas de las sillas. La luz de la luna entraba tímidamente por las ventanas que se encontraban un poco más arriba; casi pegadas al techo. La música volvió a silenciarse y me quedé quieto escuchando el silencio. No se oía nada. Ni un paso al escenario ni una respiración. 

Seguí avanzando con cautela. Una mano agarró mi cuello y me empujó contra la pared. Se cayó un cuadro y se rompió en pedazos. Mis pies no tocaban el suelo. Intenté pegar a mi agresor con la linterna pero este me agarró de la muñeca y me estranguló el cuello con más fuerza. En vez de gritar saqué un jadeo de dolor. Escuché un respingo y mis pies volvieron a tocar el suelo.

-¿Tú? Estúpido Summers ¿cómo puedes estar en todas partes?-gruño una voz en la oscuridad demasiado conocida para mí.

Tosí y me llevé una mano al cuello maltratado.

-¿Estás loco? Casi me matas…-jadeaba tratando de buscar la mayor cantidad de oxígeno posible.

-¿Se puede saber que haces aquí?

-Eso te pregunto yo -contesté un poco más recuperado; busqué la linterna. Se me había caído cuando él me había levantado del suelo.

No sólo no me ayudo a buscarla, sino que dio varios pasos hacia atrás.

-¿Tú qué crees? Esconderme de ti, Summers.

-Que gracioso eres idiota -dije sarcásticamente.

-Lo que tú digas -dijo alejándose-, pero no quiero volver a verte.

Desapareció entre la oscuridad del escenario. Traté de encender la linterna pero se había estropeado por la caída. No me quedó más remedio que seguir los pasos a tientas; dé repente vi moverse una sombra.

-¿Qué haces aquí? -le pregunté.

-A ti qué te importa, Summers. Esfúmate -dijo-, a estas horas los niños buenos como tú están viendo la tele en su casa con sus papitos y no colándose en edificios abandonados.

Sus palabras me hirieron. Nunca había visto a mis padres o al menos eso recordaba. Pero eso a él no se lo iba a explicar.

-No me he colado -dije.

-Ah ¿no?, entonces ¿entraste por la puerta principal? Márchate ¿quieres?

-Por lo visto entré por el mismo sitio que tú idiota -dije mordazmente.

-Lo dudo mucho -dijo riendo-; lárgate y vete a jugar con tus amiguitos.

-No sin que antes me respondas una pregunta.

Empezó a tocar el violín, ignorándome. << ¡Estúpido! ¿Cuántos años te condenarían por matar a alguien con una linterna? Que importa. Eso no sería un problema para mí>>
Tomé aire. Lo mejor sería que mantuviera la calma.

-Tocas bien -dije-. ¿Dónde aprendiste?

No respondió. Di unos pasos acercándome; mi pie chocó contra algo que rodó y cayó rompiéndose en pedazos tras caer del escenario.

-¿Cómo puedes tocar a oscuras?

-¿Qué tengo que hacer para que me dejes en paz? –dejando de tocar.

-¡Dime cómo lo hiciste!

-¿Qué?

-Cuando todo se me vino encima -dije señalando los escombros-, te vi al otro lado del escenario, estabas muy lejos como para poder ayudarme pero lo hiciste. ¡Explica cómo! –dije alterado.

El silencio que se hizo tenía algo de peligroso; no sabía si sólo me miraba o si se había movido. Se me puso la piel de gallina. Hubiera salido corriendo de tener las fuerzas para moverme. Estaba paralizado y tenía la boca seca. Cuando Grigori habló por fin me daba la espalda.

-Pero por lo demás estás bien, ¿no? -preguntó, enfadado-. Deberías oírte hablar, nunca me habían dicho algo tan estúpido. Si no hubiera estado cerca; ahora serias historia, Summers. Deberías estar agradecido ¿no crees? Así que en vez de decirme esas tonterías dame las gracias y lárgate.

-¡No! -respondí-. Estabas al otro lado, estoy seguro de eso.

De nuevo se hizo el silencio.

-Muy bien, Summers, juguemos -me dijo-, quizá así me dejes en paz. Sí, estaba al otro lado, ¿y qué significa eso? Pues que estás muerto, pero tu alma no lo acepta y por eso tu espíritu vaga por el teatro y no me deja en paz.

<<¡No me importa cuántos años de cárcel me den, yo lo mato con o sin linterna!>>

-Se perfectamente lo que vi -insistí.

 -¿Y cómo crees entonces que te salvé la vida? -dijo- porque te la salvé yo, recuérdalo Summers. ¿Por quién me tomas? ¿Superman? ¿Copperfield? Has visto demasiado Expediente X y La dimensión desconocida, se te está dañando el cerebro y vas a quedar más tonto de lo que ya eres -rió-, ¡Y ahora largo!

Se puso tan agresivo que se me olvido el enojo y el insulto que quería decirle y solo pensé en salir corriendo de ahí lo más rápido posible, pero en cambio cerré los puños, no iba a dejar que me intimidara. Di un paso hacia él.

-Si no me lo dices es porque tienes algo que ocultar.

No me hizo caso y siguió tocando. Me exasperaba.

-Mírate -dije, acercándome-, sentado aquí en plena noche tocando un violín. Y aunque estamos a oscuras saltaste sobre mí como un felino. Eres raro, pero tranquilo no se lo diré a nadie.

Al no recibir respuesta, agité la linterna con rabia. Se encendió alumbrando a Grigori.

El violín emitió notas desafinadas. El levantó y lo brazos para cubrirse los ojos de la luz pero continué enfocándolo. 

-¡Para! -gritó.

-¿Qué tipo de freak eres? -pregunté bajando la linterna-. No puedes negar que haces cosas raras. Siempre con las gafas de sol…

Me miró enfurecido pero no dijo nada. Volvió a colocarse el violín y comenzó a tocar.

¡Desgraciado!

-Tendré que preguntarles a tus ex novias y ex novios -dije-, seguramente tengan algo interesante que contarme, quizás también les interese saber por qué de tu extraño comportamiento… como a todos en el instituto.

¿Estaba yendo lejos? Eso había sonado como chantaje y aunque adrede, estaba jugando con fuego. Sólo estábamos él y yo. Y lo estaba provocando. Pero lejos de hacerme nada, siguió tocando ignorándome. Sentí que me había vuelto loco. Estaba en un teatro abandonado en plena noche haciendo todo lo posible para sacarle palabras a un chico que me odia. En un intento de salvar lo que me quedaba de dignidad decidí retirarme.

-Como quieras tonto. -dije, y bajé del escenario.

-¡Espera Summers! -me llamó. Dejó de tocar el violín y se acercó a mí-. Escucha ya corren demasiados rumores sobre mí por el dichoso instituto.

Lo miré fijamente. Por lo visto su mala fama sí le importaba.

-Sólo quiero que me dejen en paz, te lo pido de la mejor manera que puedo. No extiendas más los rumores.

Sonaba a súplica, no podía creerlo.

-Explícame cómo lo hiciste -insistí.

-Estas empeñado en saberlo, ¿eh?

-Sí.

-Bueno -dijo-, estoy en forma.

Torcí el gesto como si no me lo creyera.

-Esta bien, es una media verdad -admitió-, pero es cierto que oí soltarse una cuerda y supe que iba a caerse algo. No me quedé paralizado como tus amigos y por eso tuve tiempo de llegar a ti.

- ¿Y cómo supiste que iba a caerse algo? -pregunté desconfiado.

-Porque mis padres eran artistas -contestó-, y esas cosas no se me olvidan.

-¿Estuviste en el circo?

-Algo así.

-¿Y por qué no sigues ahí?

-Tuve un accidente y no volví a actuar. Prefiero no hablar de ello, Summers, así que no sigas -dijo mirándome-. ¿Has acabado con tu interrogatorio?

-Todavía no. ¿Por qué siempre utilizas tus gafas? -le pregunté sabiendo que me pasaba de raya, pero la curiosidad me inundó.

-Es genético -contesto-, mis ojos no toleran la luz del brillante, aunque por la noche veo mejor. ¿Has acabado?

-¡Sólo una más! –insistí.

-¡A ver! -dijo molesto.

-Deja de llamarme Summers ¿sabes? Tengo mi nombre y es Chris.

-Lo sé -titubeó-, Christian.

Escuchar mi nombre completo salir de sus labios me dio escalofríos. Nos miramos. El tiempo se volvió a parar como esta tarde… hasta que desvió la mirada.

-Aunque prefiero decirte tonto.

¿Qué?...

-Y aunque me digas que te llamas Chris, no te haré caso -hizo una pausa-, tonto.

Apreté los puño enojado ¿cómo se atrevía a llamarme con insulto?, el me las pagaría, pero este no era el momento. Debía de calmarme un poco.

Suspiré.

Le tendí la mano.

-¿Hacemos las paces?

Miró mi mano y se mordió el labio. Disimulé lo mejor que pude mi enfado y mi decepción. ¿En que momento pensé que me chocaría la mano? Sólo había respondido a mis preguntas porque no quería que corriera más rumores de él. Sin embargo, antes de que retirara la mano, me la tomó.

-En paces -repitió, aunque retiró la mano fugazmente.

Parecía que le daba asco o algo parecido. Se hizo silencio. Había contestado mis preguntas, no tenía más motivos para quedarme; pero eso era precisamente lo que quería. Quedarme y seguir hablando con él hasta que amaneciera.  

-Ya he respondido todas tus preguntas -dijo como si hubiera leído mis pensamientos-, puedes marcharte. Tus padres te estarán esperando.

Con la barbilla me indicó el pasillo por el que había llegado. Me estaba echando, no había ninguna duda.
-Entonces hasta mañana -me despedí disimulando mi fastidio.

Salí por el pasillo alumbrándome con la linterna observando los cuadros. Cuándo salté por encima de unos cristales rotos perdí el equilibrio. Sin querer golpeé la linterna contra la pared para no caerme y se apagó. Traté de volver a encenderla pero no lo hizo más. Maldije.

Sin previo aviso tenía a Alexandre a mi lado –¿Cómo era tan rápido y silencioso?- aunque sonara absurdo había algo extraño en él.

-¿Por dónde has entrado? -dijo.

-Por ahí atrás –respondí levantando mi brazo-. ¿Por qué?

-Yo te llevo -dijo tirando de mí-, no sea que te rompas una pierna.

Tuve que fiarme de él; porque a la velocidad que me llevó no lograba ver nada. No exageró cuando me dijo que veía bien en la oscuridad. Sorteaba obstáculos que yo nunca habría visto. No sé como hubiera llegado a la salida sin el.

-¿Por ahí? -preguntó.

Asentí y subió el sillón de la otra vez, y se agarró del marco de la ventana.

-¿A dónde vas? -pregunté.

-Te acompaño al coche -dijo mirándome.

-¿Y eso?
-¿Por qué no?

-Pensaba que todavía no tenías que irte.

-Tengo cosas que hacer -dijo encogiéndose de hombros-. Me da igual irme ahora o más tarde.

Antes de que pudiera decir algo más. Ya había salido. Me subí a la ventana y el subió los brazos para poder ayudarme. Agarrando mi cintura logro bajarme, sin ningún esfuerzo. Cuando estuve afuera, me soltó de forma inesperada y perdí el equilibrio empujando unos de los cubos de basura. La tapa de metal provocó un gran estruendo, pero se encendió ninguna luz; parecía que a nadie le importaba lo que sucedía en la calle o bien todos los edificios estaban abandonados.

Grigori me miró irritado y colocó la tapa en su lugar, se subió al cubo y ajustó la ventana; aunque no la cerró completa. Devolvió el cubo de basura a su lugar. De repente, Grigori levantó la cabeza y miró el final del callejón como si pasara algo. Con un rápido movimiento me cubrió entre su pecho y la pared matándome del susto. Intente apartarlo de mí sin comprender nada, hasta que oí la voz de un hombre que se encontraba a unos metros de Alexandre; entonces me aferré fuerte a su camisa. No podía entender qué decía, aunque Alexandre se volteó un poco y comenzó a hablarle en el mismo idioma. A pesar de todo seguía protegiéndome. No quería que me viera o por lo menos no a la cara, así tampoco quería que yo viera la suya. Mantuve la cabeza baja.

De nuevo intercambiaron palabras, luego el hombre soltó una carcajada logrando que se me pusiera la piel de gallina. Se hizo un silencio. Alexandre no se apartó de mí hasta que estuvo seguro de que el otro hombre no volviera.

-¿Quién era? -pregunté- ¿Qué quería?

-Preguntó si quería compartir -me aclaró mirando todavía el final del callejón por donde se había ido el hombre.

-¿Compartir?

-¡Compartir! -dijo, y me quedó claro a que se refería por el tono que había empleado.

Me cogió del brazo y nos pusimos a caminar.

-¿De dónde conocías a ese tipo? -pregunté.

-¿Quién te ha dicho que lo conozco?

-Hablaste su mismo idioma -dije.

-Eso no quiere decir nada.

Se asomó por la esquina, miró a ambos lados del Magnolia, y seguimos caminando, él aun agarrándome del brazo.

-¿Dónde está tu coche? -preguntó.

En la entrada del teatro se montó en la moto y me ordenó que subiera. Arrancó con un rugido y me senté detrás de él. Fuera quien fuera ese tipo, logro que Grigori me llevara en moto hasta mi coche; que no estaba muy lejos. Debía de ser peligroso. Se me revolvió el estómago.

-Vete directamente a casa -dijo una vez que llegamos a mi coche- y no vuelvas solo por aquí nunca más, sobre todo después de anochecer.

-¿Quién era ese hombre? No hablarías así si no lo conocieras -dije y mi malestar creció.

-Lo he visto por el Bronce, va a menudo. Tiene mala fama, sobre todo en lo que a adolescentes se refiere, porque no acepta una negativa. Espero a que nunca se cruce en tu camino. Yo si fuera tú no iría nunca más al Bronce.

-¡Clem trabaja ahí! Como no voy a ir -respondí-. ¿También se lo dijiste a ella?

-Ella sabe cuidarse sola -dijo irritado.

-¡Ah! ¿Y yo no?

-No, tú no.

-¿Y que piensas hacer si no te hago caso? -dije molesto subiendo al coche.

-Nada -contestó.

-Mejor, porque pienso seguir yendo. Nos vemos en el instituto -dije cerrando la puerta de golpe y pisando a fondo al acelerador.

Aunque lograra evitar que me hicieran algo, ¿quién se creía él como para decirme a dónde podía o no podía ir? ¡Qué arrogante!

Gus y Ethan me esperaban preocupados. Clem había llamado y les había preguntado por mí y se enteraron de que me había pasado. Ninguno de los dos me saludó. Ethan se había quedado en silencio y Gus no sabía si regañarme o abrazarme.

Escuché su sermón y sin más, me fui a la cama. Fue una noche con demasiada acción para mi gusto.

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